Crónica 58: del 1 noviembre al 12 diciembre 2011
(1ª)


Méjico




Con Nieves, que aterriza muerta de frío por el aire acondicionado del avión, llega la mejoría del tiempo. Las nubes empiezan a abrirse. El turismo es la savia que alimenta Cancún. Todos esperan que se inicie lo antes posible la llegada masiva de norteamericanos y europeos. Con las medidas de seguridad que se tomaron ante la llegada del huracán Rina son muchos los que han visto mermar sus ingresos. Proliferan las casas de empeño, último recurso para conseguir algo de dinero. Pagarán intereses elevados o perderán definitivamente los objetos más preciados. No sólo oro, joyas. Instrumentos musicales, ordenadores, incluso coches o maquinaria pesada. Casi todo puede empeñarse. Nieves y yo resolvemos nuestro problema de falta de liquidez acudiendo a una casa de cambio. Con pesos en el bolsillo, los depósitos del coche llenos, iniciamos la visita de los principales atractivos arqueológicos del Yucatán. Para empezar, las ruinas de Cobá, a unos 135 kms de Cancún. Por el camino comprobamos cómo ha crecido la oferta hotelera de la Ribera Maya. Tráfico incesante por la amplia autovía. Numerosos autobuses transportando turistas que han comprado paquetes de cinco o siete días, avión+hotel. Si al llegar a Cancún no alquilas coche tienes dos alternativas: o pasas todo el tiempo en la playa o piscina del hotel, o no tienen más remedio que apuntarte a las visitas que ofrecen las numerosas agencias de viaje. También puedes desplazarte en taxi, que es caro porque no hay distancias cortas o te subes a un autobús de línea regular, aceptando trayectos y horarios que complican los itinerarios.

El paisaje es monótono. Llano con arbustos. Parece ser que toda la zona tiene grandes reservas de agua subterráneas. El agua se filtra a través de la tierra. Pocos campos cultivados. Las nubes se desplazan rápidamente. Hemos salido con sol y al llegar a Tulum, abandonando la carretera principal para dirigirnos hacia Cobá, nos cubre una amenazante nube negra. A la entrada de la zona arqueológica un gran aparcamiento con tiendas, bares y restaurantes. Irreconocible. En 1989 la atención de los turistas que llegaban en grupos organizados se centraban en dos pirámides. El sendero que transcurría entre una y otra parecía un pasillo de comunicación entre dos estaciones de metro, por la masa de personas que avanzaban intentando no chocar unas con otras. Gracias a las indicaciones de un guarda a quien pregunté logré seguir un estrecho sendero solitario que me condujo hasta una pequeña pirámide con restos de pintura en el templete que la coronaba. Un monumento aislado que me encantó. La única compañía una gran serpiente que desapareció entre los arbustos. Quiero volver a ese lugar. ¿Lo encontraré? Empieza a lloviznar. No importa, hace calor. Primer cambio apreciable. Al traspasar la puerta de entrada nos ofrecen la posibilidad de recorrer los caminos transportados en un triciclo con toldo. No hay muchos visitantes. La mayoría se cubre con impermeable. Regreso al coche y cojo dos que compré en las cataratas de Iguazú. Seguiremos caminando. Hay cambios. A la primera pirámide que subí, cerca de la entrada, se ha prohibido el acceso. En un mapa sobre un panel compruebo que se han abierto caminos hasta los últimos hallazgos excavados. Por supuesto vuelvo a encontrarme ante el templo de las pinturas, pero… también está prohibido subir. No importa. Seguimos por los senderos hasta tropezarnos con estelas y restos de edificios.

C
obá fue una ciudad importante. Tenía una extensión de 80 kms cuadrados en la que residían 50.000 habitantes. Su hegemonía, del siglo V al X, decayó ante la emergente Chichén Itzá. La diferencia entre esas antiguas ciudades es patente hoy en día por los recursos empleados en las excavaciones y los resultados obtenidos. A pesar de ello Cobá merece una visita. La lluvia que nos ha obligado a enfundarnos los impermeables nos permite disfrutar del entorno prácticamente en soledad.
Se forman grandes charcos y el agua empieza a correr sobre los caminos. Arrecia. Nos protegemos en un habitáculo techado en el que coincidimos con un paisano que controla por teléfono la flotilla de triciclos. Mientras esperamos a que deje de llover iniciamos conversación. Nos cuenta su vida. Era propietario de una tienda de ropa que en determinado momento quebró. Pagó todo lo que debía perdiendo casa y coche quedándose en la calle con mujer y dos hijos. Lo atropelló un coche. Tenía que desplazarse en una silla de ruedas. Los médicos le pronosticaron que no volvería a caminar. Estaba hundido, desesperado. Se puso en manos de Dios –así nos lo cuenta- y le rogó que lo ayudara. Su fe le salvó. Con gran esfuerzo un día se levantó de la silla y poco a poco volvió a andar. Luego montó en bicicleta. Ha encontrado trabajo, tiene casa y sus hijos estudian. El buen Dios le hizo pasar por todos esos difíciles momentos porque él podía superarlos. Interrumpe la narración porque le llaman por teléfono. Dos turistas están esperando que un triciclo los recoja. Aprovechamos el lapsus para pedirle otro triciclo con toldo. La lluvia ha perdido intensidad. La verdad es que es muy cómodo. Por el equivalente a cuatro euros nos ahorramos media hora de caminata por suelo embarrado. Además el triciclo nos esperará y nos llevará hasta la salida cuando decidamos dar por terminada nuestra visita.
Al llegar a Nohoch Mul, una pirámide de 42 metros de altura, cesa la lluvia, se abren las nubes y el sol nos abrasa. En ésta sí está permitido subir. Dado que las piedras están mojadas, los escalones, como en todas las pirámides mayas, son estrechos y desiguales, decidimos no arriesgarnos a finalizar este viaje por el Yucatán el primer día a causa de un esguince, rotura o algo peor.

A
unque las nubes han vuelto a hacer acto de presencia al pasar por Tulum nos desviamos para acercarnos hasta las únicas ruinas mayas en la orilla del mar. No disponemos de mucho tiempo. Una hora y media, antes de que cierren. Compramos el boleto y nada más entrar en el recinto arqueológico vuelve a llover. Esperamos bajo cubierta. Llovizna. Los minutos pasan. Es lo que hay. Impermeables. Al traspasar la muralla por una pequeña entrada fuera impermeables, ya no son necesarios. Las ruinas bien conservadas destacan sobre un verde césped bien mantenido. Caminos sin posibilidad de salirse de ellos conducen hasta los principales miradores y templos. Es otro lugar, no el Tulum que conocí. Está bien. Ahora almaceno dos Tulums en mi memoria. Al igual que tantos lugares a los que vuelto en este viaje después de muchos años. Jordania, Siria, Turquía, India, Camboya, Brasil, Perú, Ecuador, Panamá, Costa Rica, Honduras, Guatemala… Se han mejorado los accesos, se cobra entrada, se ofrecen servicios, tiendas, restaurantes… Es lógico. Hay que conservar, dentro de lo posible, esos maravillosos y mágicos lugares, ante la creciente afluencia de turistas. Me siento afortunado por haber podido entrar en espacios en los que hoy en día es imposible. O que han desaparecido. La vida sigue en continua evolución. Quien llega, por ejemplo, por primera vez ahora a Petra, en Jordania o a Palmira, en Siria, le parecerán lugares fascinantes. Lo son. Pero imaginad el mismo entorno sin vendedores, turistas ni restricciones. También yo ahora he descubierto pueblos y paisajes que me han encantado y que para aquellos que los conocieron hace muchos años han perdido atractivo.

A
l día siguiente, ya que estamos en el Caribe y luce el sol, a Nieves le apetece nadar un rato en las transparentes, cálidas, aguas azuladas que atraen a tantas personas de todo el mundo. Sugiero acercarnos a Puerto Aventuras, entre Cancún y Tulum, un complejo vacacional diseñado en un principio para personas de alto poder adquisitivo. Canales interiores que permiten la entrada de grandes yates hasta la puerta de casa. Dos buenos hoteles de cinco estrellas, villas y … nuevos edificios de apartamentos que se alquilan a diferentes precios. Expansión, mayor oferta, más clientes. Bares, restaurantes, tiendas. Se ha ampliado la oferta deportiva. Al golf, tenis y pesca de altura, se ha añadido submarinismo y la posibilidad de nadar entre delfines o de ser transportado por ellos en alguna de las siete piscinas dedicadas a ese fin. Un día tranquilo, en un lugar agradable, con poca gente.

D
ejamos Cancún para llegar a una de las joyas de Yucatán, Chichén Itzá. Autopista de pago, muy cara. Tenemos suerte por disfrutar de un soleado día, en época baja de turismo. Compruebo que se han hecho grandes esfuerzos para mejorar y conservar todos los parques arqueológicos de Méjico. El turismo es una importante fuente de ingresos para este país. En el 2010 alcanzaron 8.700 millones de euros. Es comprensible que todos quieran tener su parte del pastel. Al entrar en el complejo de Chichén Itzá hay que comprar dos billetes de entrada en diferentes taquillas. Uno federal y otro municipal. Se autoriza la venta de artesanía en el interior del parque a los indígenas, sin tener que pagar ningún permiso. Guías, césped bien mantenido, prohibición de subir a las pirámides o escaleras peligrosas. En el templo de los Guerreros se encuentra una escultura de Chac Mool, figura emblemática de Chichén Itzá que ahora únicamente se puede fotografiar con un buen teleobjetivo desde gran distancia, ya que se impide el acceso a la plataforma en que se asienta la figura. Tampoco podemos entrar en el recinto donde se ubica el juego de pelota. Zona cerrada por obras. Supongo que están abriendo un paso para poder contemplar el terreno de juego. Se mantiene, inaccesible, la escalera que anteriormente se utilizaba para contemplar ese espacio excepcional, cerrado, de las ruinas. La subida era fácil pero la bajada muy peligrosa por la fuerte inclinación, escalones estrechos e irregulares y ausencia de pasamanos donde sujetarse.
La jornada termina con un paseo por Valladolid, ciudad con calles de trazado cuadriculado, parques, iglesias, edificios coloniales. Nos reencontramos con Francesco, joven italiano, siciliano. Lo conocimos en Tulum. Nos confiesa que siente debilidad por las chicas nórdicas, rubias, de piel blanca. Nieves le profetiza que acabará casándose con una napolitana morena con bigote. Entre risas termina admitiendo que ese es el deseo de su padre para tenerlo cerca, es hijo único.


Después de haber pasado por Honduras y Guatemala, que junto con El Salvador, están considerados los países más inseguros del mundo, superando incluso a Irak y Afganistán, es normal que haya aumentado mis precauciones. No he presenciado ninguna situación violenta, pero el espacio dedicado en los periódicos a corrupción generalizada, asesinatos, raptos, enfrentamientos, negligencia e ineficacia policial no ayuda precisamente a bajar la guardia. Javier Arturo Valdez, fundador del semanario “Riodoce” de Sinaloa ha recibido en Washington el premio que concede El Comité de Protección a Periodistas por su ejercicio de la libertad de expresión. En su conferencia ha dicho textualmente “Los periodistas de Riodoce son muy cuidadosos y en ocasiones acaban publicando apenas el 20% de la información confirmada que poseen, porque involucra a gente que se mueve con 20 pistoleros y pueden movilizar 400 sicarios en 15 minutos con la protección del ejercito.” “Cuando escribo no pienso en el lector, pienso en el narco que está detrás de mí a medida que voy avanzando en mis párrafos. ¿Le va a gustar? ¿Me mandará un ramo de granadas? En lugar de pensar lo que vas a publicar, piensas en lo que no publicarás para seguir vivo.” Para ayudar a comprender la delicada situación a la que se enfrentan los periodistas comprometidos, aquellos que han elegido informar a la sociedad denunciando a quienes atentan contra la libertad, un dato: en Méjico más de 80 periodistas han sido asesinados en los últimos diez años.

L
os consejos de distintas personas se repiten: conducir, siempre que se pueda, por carretera de peaje, nunca por la noche. En varios controles de policía y ejército me han efectuado registros buscando drogas, armas o explosivos. Aclaro que han sido correctos, educados, sin presión ni severidad y en ningún momento han exigido la antaño habitual “mordida”. Comprended que no es lo mismo viajar en grupo o en autobús que en un coche que llama la atención con matrícula europea. Es imposible evitar el paso por estados comprometidos si se atraviesa Méjico. La zona menos arriesgada es precisamente en la me encuentro ahora. Todo el litoral Pacífico es especialmente peligroso. Estados de Guerrero, Michoacán, Sinaloa y Sonora. También en el Atlántico la violencia provocada por el narcotráfico aconseja evitar los estados de Veracruz, Tamaulipas y Nuevo León. Hay que añadir Chihuahua, con Ciudad Juárez, en la frontera con EEUU. Tal vez no situéis los estados en el mapa pero seguro que los nombres no os son desconocidos porque aparecen habitualmente en los periódicos. El ser extranjero no te exime de riesgos. Los cárteles han incorporado a sus negocios el secuestro, mejor si la víctima es de un país de habla hispana. Es más fácil comunicarse en la misma lengua con las familias para exigir rescate.

S
eguimos el itinerario que nos permite acercarnos a los lugares destacados del Yucatán. De Valladolid a Uxmal, ciudad maya del siglo VII. El primer europeo que contempló los restos de la urbe abandonada fue un fraile español en 1573. Las obras de restauración se iniciaron en 1950. Es la primera vez que veo Uxmal. Ignoro cómo se encontraba la zona años atrás. Hoy es una maravilla. Tenemos la suerte de no coincidir con grupos numerosos de visitantes. Sol radiante. Calor. Después de una escalera de bajada entre árboles llegamos a la verde explanada en la que se levanta impresionante la pirámide del Adivino. 53 metros y medio de altura con una anchura en la base 53 metros y medio. Tiene cinco niveles con diversos templos. Su construcción se inició en el siglo VI y el templo superior se finalizó en el X. Supongo que hace años era factible ascender por las empinadas escaleras y contemplar el interior de las salas con recargada decoración. Viendo fotos antiguas observo que han desaparecido puertas en la base, se ha alargado la escalera y se modificado la entrada del cuarto nivel. No soy un experto para opinar sobre restauraciones. Ese monumento que tengo ante mí, como está, es imponente.

Justo detrás se encuentra el cuadrángulo de las Monjas, llamado así por los españoles porque les recordaba un convento. Una plataforma de 120 metros de lado con un patio central rodeado de edificios con varias salas. Los muros exteriores están ornamentados con grecas, figuras humanas, pájaros y monos. Destacan las serpientes y las máscaras de Chaac el dios de la lluvia y el agua. Su nariz tiene forma de trompa de elefante. Algunas se han perdido.
El tiempo transcurre lentamente. Nos alejamos algo de los edificios principales, siguiendo un sendero bajo los árboles que nos conduce hasta el cementerio. Apartado, solitario, con un edificio y restos de tumbas con calaveras e inscripciones esculpidas. Al volver al itinerario recomendado pasamos por el juego de pelota y llegamos hasta una plataforma en la que se levanta un muro, con varias puertas, sobre el que destaca una espectacular crestería, la casa de las Palomas. Sobre la cuidada hierba que se extiende delante del edificio una pareja contesta las preguntas de su nieto, un niño de siete años, que se muestra muy interesado por reconocer la variada ornamentación de la fachada. Son españoles de origen, nacionalizados mejicanos. La señora me advierte que encontraré Palenque muy cambiado. Han sido testigos de las transformaciones de los parques arqueológicos. Llevan más de cuarenta años volviendo, siempre que tienen oportunidad, a lugares como estos que recuerdan la desarrollada civilización maya.

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