Crónica 61: del 15 enero al 2 febrero 2012
(1ª)


EE.UU




Hemos entrado en un nuevo estado, Nevada. La capital es Carson City, 60.000 habitantes. Nosotros, como la mayoría de personas que entran en este estado, nos dirigimos a Las Vegas, con un 1.800.000 residentes. Nunca he estado anteriormente en la capital mundial del entretenimiento. Todo lo que conozco de ese lugar me ha llegado gracias a una pantalla, grande o pequeña, cine o televisión, dos fuentes incompletas. Antes de llegar he consultado algunos datos que van a ayudarme a ir encajando las piezas del rompecabezas. De los diez hoteles más grandes del mundo, ocho se encuentran aquí. En el 2010 recibió cerca de 37 millones y medio de visitantes. La ciudad ha experimentado grandes transformaciones desde que se construyó el primer hotel casino. Encontramos un motel bien situado a un precio razonable. Es una estrategia común en la capital del juego. Lo que se deja de ingresar por alojamiento se recupera en los casinos.
Rosa María, que sí ha estado anteriormente en varias ocasiones, con grandes lapsus de tiempo, me guía y me va explicando las variadas ofertas y características de cada uno de los grandes hoteles-casino-galería comercial. Lo primero fue el juego, prohibido en muchos estados y permitido en Nevada a partir de 1931. Luego se añadieron atracciones musicales. Cantantes, magia, humoristas. Elvis Presley, Frank Sinatra, Tom Jones, Paul Anka, Bobby Darin… Pero había que crecer, se necesitaba algo más. Tenía que ser un lugar a donde pudiera venir todo el mundo, niños inclusive. A partir de los noventa se desarrolló otra zona, los mega complejos del entretenimiento, que es el corazón actual de la nueva Las Vegas. Los neones fueron sustituidos por otros medios de iluminación, focos, LEDs, pantallas… Cuando anochece todo cobra una nueva dimensión. Allí en la lejanía una pirámide de cristal de 110 metros de altura de la que se proyecta el haz de luz más potente del mundo, visible por los astronautas. Delante la Esfinge, mayor que la de Gizeh, más cerca la Estatua de la Libertad, una réplica de la Fontana de Trevi, un barco pirata, en el París-Las Vegas una recreación de la capital francesa con la Torre Eiffel, el Arco del Triunfo y el Louvre. Otra de las últimas incorporaciones es el Venetian con réplicas del Palacio Ducal, el Puente de los Suspiros, la Torre del Campanario y la Plaza de San Marcos. No quiero convertirme en un folleto turístico de Las Vegas, simplemente intento reflejar lo que he visto. También están las fotos que ayudarán a comprender lo que explico.

El juego sigue atrayendo a gran número de visitantes. Miles de máquinas tragaperras que no logro comprender cómo funcionan. He perdido 1 dólar. Ha desaparecido el atractivo sonido que producían las monedas al caer en la bandeja cuando se ganaba un premio. Ahora es todo digital. Números que cambian cuando pulsas un botón. Siempre has de pasar por las inmensas salas de juego, con todas las opciones. En el momento que entras en uno de esos centros desparece la luz natural. Recorres las amplias galerías comerciales donde encuentras las mismas tiendas que en Singapur, Hong Kong, París, Londres… Llegas a la zona de teatros donde se ofrecen normalmente dos representaciones diarias de los diferentes espectáculos. Aclaro. No es que haya una zona de teatros en Las Vegas. En cada hotel-casino-galería comercial se ofrecen varios shows. Una pasada. Más datos, perdonad. Sin ellos es imposible comprender por qué es la capital del ocio. 33 espectáculos, de los que siete son del Circo del Sol. En uno de ellos, “O”, intervienen 85 acróbatas. Además se ofrecen 9 actuaciones de magos, 16 obras para adultos, 11 actuaciones de cantantes, entre ellos Celine Dion, Cher, Elton John y Rod Stewart, 16 comedias o monólogos de humoristas, 11 homenajes a grandes interpretes de la canción a cargo de imitadores, 3 hipnotizadores y siete obras a las cuatro de la tarde. Brutal. ¿Cuánto tiempo aguantaría uno solo de esos espectáculos en Barcelona, por ejemplo? 106 opciones con unos precios que oscilan entre 30 y 180 $. Nosotros hemos encontrado entradas para “Love”, del Circo del Sol. Canciones de los Beatles con una puesta en escena impactante. El público se entrega desde el principio con “Get Back”. Ocurren simultáneamente tantas acciones sobre el escenario que es difícil seguirlas todas. 2.000 localidades en un gran anfiteatro. Dos representaciones diarias, cinco días a la semana.

En el Paris-Las Vegas y en el Venetian han alcanzado un nivel superior. Han recreado barrios de Paris o Venecia con una iluminación igual a un anochecer. Es perfecto. Como en el “Show de Truman”, si miras hacia arriba ves un cielo azul, con algunas nubes, en el momento en que el sol se retira. Es igual que sean las diez de la mañana que de la noche. La misma luz, la misma temperatura. Una plaza, faroles encendidos, árboles, terrazas de bares, tiendas, restaurantes… En el Venetian aún más. En el segundo piso, bajo el mismo cielo azul con nubes, han reproducido canales venecianos con góndolas en las que se puede navegar, pasando por debajo de un puente, mientras el gondolero canta canciones napolitanas. Ese hotel es el segundo mayor del mundo con 7.117 habitaciones. ¿Para qué viajar a esos países decadentes y peligrosos de ultramar? Los diferentes centros temáticos suplen esa tentación. Se han representado Europa, Venecia, El Carnaval, Asia, Finales del siglo XIX en San Francisco, Paris, Hollywood, El Trópico, Antiguo Egipto, Camelot y el Medioevo, Nueva York, Montecarlo, Italia, Imperio Romano, Polinesia, Caribe y piratas…

En determinadas horas hay espectáculos gratuitos. Gran desplazamiento de gente por las aceras y pasos superiores para llegar a tiempo de ver la erupción de un volcán con explosiones que se repite cada hora o esperar frente al gran lago del Bellagio para presenciar el juego de agua, luces y música que cambia cada media hora o buscar un buen sitio para contemplar el sensual baile de las sirenas sobre el barco de los piratas. Todo gratis. Comida barata. Venden unos cupones con los que se puede comer sin límite en determinados bufés de los hoteles. Una locura. Colas interminables. En las aceras, hombres anuncio y extraños personajes, algunos mimos y otros disfrazados en busca de una propina. También es posible alquilar por horas coches exclusivos: Ferrari, Corvette, Porsche…
Hemos caminado arriba y abajo, a derecha e izquierda por ese tramo de Las Vegas Boulevard que es de tres kilómetros y medio, como de la plaza Francesc Macià a la de las Glorias, en Barcelona. ¿Podéis imaginarlo?
Aunque todos los hoteles cuentan con una capilla para celebrar bodas hay un barrio en el que florece una al lado de la otra. Ha quedado un poco alejado. Los hotelitos cercanos se han degradado. Pero algunas de estas capillas siguen ofreciendo servicio. Hay para todos los gustos y bolsillos.

Una de las noches nos acercamos al lugar donde se inició todo. Los primeros hoteles, casinos… Reconozco algunos de los luminosos que han podido verse en películas. Con la construcción de los mega hoteles en el nuevo centro, los casinos de esta zona tuvieron que ofrecer algo nuevo, atractivo. Una corporación formada por diez hoteles y casinos creó “La Experiencia de la calle Fremont”, la pantalla luminosa más grande del mundo. Doce millones y medio de LEDs controlados por diez ordenadores. Un “techo” curvo, a veintisiete metros de altura, que cubre la calle peatonal de 450 metros de largo. El sonido se difunde por medio de 220 altavoces. A las ocho y media de la noche espectáculo gratuito. A mi me ha gustado el ambiente de Fremont. Es… limitado, sencillo, superado, en comparación con los nuevos recintos de diversión, pero mantiene el viejo encanto. Es la “Histórica Ruta 66” de Las Vegas.
Tres días han sido más que suficientes. Estoy harto de Las Vegas. Creo que si se tiene una oportunidad hay que venir, pero no pienso repetir. Lo mejor los grandes espectáculos musicales.


Para olvidar la sensación de agobio entre tanta gente que he sufrido en Las Vegas nada mejor que dirigirnos al Valle de la Muerte. ¿Cómo será? Aunque he leído reportajes y he visto documentales, no hay ninguna imagen que acuda inmediatamente a mi mente cuando nombro o escucho ese nombre. Tengo memoria fotográfica. Necesito actualizar el “archivo” del Valle de la Muerte que por lo visto contiene únicamente imágenes que son borrosas. Es como si aquello que veo en televisión o en las páginas de una revista lo guardara en baja resolución.
Enero es un buen mes para ir a ese Parque Nacional. Durante el verano se alcanzan temperaturas extremadamente altas. No está previsto que llueva. El único inconveniente de esa bonanza climatológica es la afluencia de visitantes. Hay pocos lugares donde alojarse. Nos detenemos en un lugar inmortalizado por el cine, gracias a Michelangelo Antonioni con su decepcionante película “Zabriskie Point”. El mirador desde el que se contempla un sorprendente conjunto de colores y texturas en las rocas erosionadas, tiene el mismo nombre que el director de la empresa minera que a principios del siglo XX extrajo bórax de la zona.

En el centro de visitantes conseguimos el mapa que nos permite elegir los lugares a los queremos acercarnos. El Valle de la Muerte es uno de los dos mayores valles del parque. Tiene 225 km de longitud y 24 km de ancho. Es una zona de grandes contrastes. Altas cumbres y depresiones. Frío en las alturas, calor sofocante en el valle. Hay carretera asfaltada que permite cruzarlo de norte a sur y este a oeste. Una serie de pistas de tierra en mejor o peor condición permite acercarse hasta los lugares destacados. Encontramos habitación en uno de los dos hoteles del valle. A unos 50 kms. el uno del otro. Quedan tres horas de luz. Suficiente para acercarnos a un punto alto, a unos 60 kms. La calzada se estrecha partir de un desvío en el que se prohíbe la entrada a vehículos de más de siete metros de largo. Encadenado de toboganes con curvas sin visibilidad que obliga a circular con gran precaución. No imaginaba algo así. Paredes rocosas con escasa vegetación, algún matojo o cactus. Desaparece la estrecha cinta negra de asfalto para dar paso a una pista de tierra. La pista se convierte en sendero, en un claro en el que se levantan unos grandes hornos de unos ocho metros de altura y un diámetro interior de unos nueve, que fueron utilizados para transformar el carbón que necesitaban las minas. Su construcción data de 1867 pero sus paredes de piedra se mantienen firmes gracias a que fueron reconstruidos por un grupo de navajos en 1971. Antes de regresar al hotel ascendemos a la cima de una montaña desde la que contemplamos la puesta de sol. En la lejanía el lago salado, 86 metros bajo el nivel del mar, la mayor depresión geológica del continente americano. Rodeándolo todo, montañas. Cordilleras de origen volcánico. Qué lejos estamos de Las Vegas. Podría pasar horas contemplando el paisaje pero la temperatura desciende a la misma velocidad que el sol.

Al día siguiente, camino de la zona del valle donde tiene lugar un fenómeno extraño, que puede observarse en pocos lugares del mundo, nos desviamos para ver un cráter. Los geólogos no acaban de ponerse de acuerdo al determinar su antigüedad. Para unos se encuentra entre los 2000 y 7000 años. Para otros es mucho más reciente, 800 años. En cualquier caso, la actividad volcánica debió alterar bruscamente la vida de los indios que se instalaron en el valle hace 9000 años. Entonces había lagos con agua, el ambiente era más húmedo y abundaban distintas especies de animales que aportaban proteínas. Aunque con el paso del tiempo esta zona se volvió más seca y calurosa, siempre ha habido una comunidad india asentada. Antes de que llegaran los primeros blancos establecían sus campamentos en el llano, junto a las fuentes de agua en invierno, o en lo alto de las montañas en verano, donde podían recolectar bayas silvestres, frutos, plantas comestibles.

Dejamos el asfalto y seguimos el camino de tierra que nos llevará hasta “Racetrack Playa”, un lago seco que no hay que perderse. Pista con algunos tramos de ondulación, pedruscos, pero que no presenta ninguna dificultad si no se ha embarrado por una lluvia reciente. En un cruce un cartel señalizador con abundancia de teteras. En todas, el nombre de la persona que la ha dejado. Bueno. Eso no molesta ni agrede el entorno. De vez en cuando las deben retirar para dejar espacio libre para las siguientes. Pasamos cerca de un coche estacionado junto a un sendero. Los pasajeros deben estar siguiendo uno de los itinerarios que deben cubrirse andando. Llegamos al lago seco, un llano con una capa de barro duro cuarteada. Me encanta el lugar. El suelo perfectamente igualado parece que haya sido cubierto con pequeñas baldosas poligonales. En el centro de la parte norte se levanta una isla de peñascos. Para ver las “piedras que se mueven” tenemos que acercarnos al sur del lago, que está a unos tres kilómetros. Nadie las ha visto desplazarse, pero su recorrido sobre el lecho seco queda marcado. No siempre en línea recta. Alguna ha trazado una gran curva y ha regresado hacia su lugar de partida. Hay varia teorías para intentar explicar este raro fenómeno. ¿El viento? Debería soplar con gran fuerza para empujar una piedra pesada. Algunas alcanzan los 300 kilos. Los indios estaban seguros de que las movían los espíritus. Los primeros exploradores opinaban que los desplazamientos se debían a fuerzas magnéticas. La causa más lógica plantea que han de coincidir agua, temperatura y viento. Llueve, el agua del lago –una capa finísima- se hiela. Cuando empieza a derretirse se apoya sobre una delgada lámina de barro. Entonces llega el viento –que puede alcanzar gran velocidad- y la mueve, aunque sea poco. Hace años se comprobó, utilizando GPS, el desplazamiento de algunas rocas después de tormentas.

Nos habían advertido que ir al “Racetrack Playa” nos ocuparía todo el día por la dificultad que ofrece la pista. Pero a la una de la tarde ya hemos regresado al centro del valle y podemos dirigirnos a la parte sur donde se encuentra, entre otras localizaciones interesantes, el lago salado, “Badwater”, el punto más bajo. Luego nos acercamos al “Campo de Golf del Diablo”, un espacio cubierto de bloques de sal esparcidos de forma irregular. Un desvío nos acerca a un aparcamiento desde el que tenemos que continuar caminando por un cañón que se estrecha hasta llegar a un puente o arco. Pse. Después de los que hemos visto hace unos días no tiene mayor interés. Para terminar el circuito del “Valle de La Muerte” seguimos una carretera asfaltada estrecha, de dirección única, que transcurre entre colinas y formaciones rocosas de variado colorido según sean los minerales que contengan.

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