Crónica 63: del 6 de abril al 22 de mayo 2012
(Nueva York)


EE.UU




La estancia en Nueva York ha sido muy diferente a como la suponía. He tenido que ingresar en urgencias de un hospital. A los pocos días de llegar empecé a sentirme muy mal. Pierna derecha hinchada que por momentos se iba transformando en algo horroroso ofreciendo gran variedad de colorido, del suave rosa al morado negruzco, pasando por distintos tonos de marrón, blanco, amarillo... supurando. Taxi y hospital.

He permanecido una semana. Se me ha diagnosticado celulitis. Un grupo de médicos en prácticas me ha visitado a diario, por separado, según su especialidad. No ha aparecido House pero si su equivalente, el doctor jefe de grupo. No han escatimado medios para intentar localizar el origen de la infección. Ecografías y resonancia magnética. Cultivo de cepas intentando localizar la bacteria que ha producido el estropicio, algo que no han logrado. Todos los resultados han sido satisfactorios. No tengo sida, hepatitis, diabetes ni enfermedad oculta. Arterias y huesos en perfectas condiciones. Al final me dieron el alta después de comprobar que la infección remitía gracias a los antibióticos que me estaban suministrando.
Sorpresa agradable: ese tratamiento exhaustivo, atención cariñosa, el uso de aparatos, medicamentos, hospitalización, alimentación.... totalmente gratis. A partir de los 65 años toda persona que se encuentre en EEUU puede acudir a las urgencias de los hospitales en caso de necesitar ayuda sanitaria. No le dejaran salir hasta haberle devuelto una condición física estable que le permita desplazarse. No hay limitación por nacionalidad, legalidad, religión, raza, color o sexo. Ha bastado mostrar mi pasaporte donde comprobaron mi fecha de nacimiento.

En cinco años no he tenido que quedarme un solo día en cama y de repente un golpe duro inesperado. Día a día he ido mejorando el tono. Nueva York me parece caótica, sucia, cara, mal conservada, pero interesante. Músicos callejeros hay en todo el mundo, pero ¿habéis visto alguno tocando el piano? He descubierto el primero en Washington Square, después seguir el ritmo logrado por una pareja afro americana, en una estación de metro, sirviéndose de envases vacíos de pintura. En Brooklyn hay una fábrica que reúne gran número de grafitis de diferentes autores. Se presume que es la mayor concentración mundial de ese nuevo arte. Dentro de poco la fábrica se venderá y con ella desaparecerán las paredes pintadas.
La ciudad ha cambiado mucho estos últimos tiempos. Viví un año, en 1984. Giuliani la apaciguó, logrando que los delitos descendieran un 50%. Creo que lo que la diferencia de las otras grandes urbes es que ahí, después de dos semanas, te sientes un neoyorquino más. La ciudad te acepta sumándote a ese gran conjunto multicultural que se desplaza por calles y avenidas. En Nueva York no te sientes extranjero.
He de agradecer la atención y el cuidado que me ha dispensado Álvaro ofreciéndome apartamento, al igual que en el Cairo hace un par de años. Fue él quien me llevó al hospital de la universidad donde estaba finalizando un master. Gracias a Mario, Marta, Atousa, Nancy, Iñigo, Gemma, y especialmente a Silvia y Mamen que vinieron a verme a Nueva York. Todos ellos me han ayudado a recuperar mi estado de ánimo habitual. Optimista, porque después de haberlo pasado bastante mal, lo que viene, por compensación, ha de ser estupendo. Creo que la vida es pendular. Ahora me toca disfrutar.

Salí de Nueva York el día 13. He pasado por Niagara, por Winterset, donde nació John Wayne y se rodó la película “Los puentes de Madison”, lejos de grandes ciudades. He visitado el monte Rushmore, donde están las caras de cuatro presidentes. Cerca el monumento a Caballo Loco. Únicamente está terminada la cara. Imaginad lo que falta. Caballo Loco sobre un caballo señalando con su brazo extendido las tierras en las que vivían los sioux.
Será, si algún día llega a terminarse, la escultura más grande del mundo. Medirá 195 metros de largo por 172 de alto, la cabeza del caballo medirá 27 m. Dinamita, taladros y martillos neumáticos. El escultor empezó en 1948. Ha muerto. Sus hijos continúan la obra. ¿Quien paga? Ayudas que aportan la gente y la comunidad sioux. Una locura según muchos... un sueño para otros, especialmente para el escultor e ingeniero polaco que se involucró en el gran proyecto. ¿Quién puede valorar los sueños? El Cristo Redentor del Corcovado "sólo" mide 30 metros de altura. El de los sioux, Caballo Loco sobre su caballo, será de otra dimensión. La cabeza -únicamente está terminada la cara- es de 27 metros, solo tres menos que la imagen completa del Cristo del Corcovado.
También me he acercado a Devil’s Tower, ese macizo rocoso, volcánico, impresionante, donde sintonizaban humanos y extraterrestres en “Encuentros en la tercera fase”.
He llegado a Salt Lake City para recoger a Rosa María que llega hoy. Desde aquí hacia el norte, empezando por Yellowstone, continuando hacia Vancouver para llegar a Alaska. El viaje sigue…


Enviado desde Salt Lake City el 22 de Mayo 2012
Kilómetros recorridos 202.389

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