Crónica 64: del 23 de mayo al 8 de julio 2012
(Canadá - Alaska)






Ya tengo fecha de regreso a Europa. El viaje de vuelta al mundo finalizará dentro de unas semanas. Cierro los ojos y recuerdo los cinco años que han transcurrido desde que salí de Barcelona con destino Marsella. Se suceden imágenes, personas, paisajes, castillos, templos, palacios, chozas, mercados, desiertos y zonas superpobladas. Qué lejos y qué cerca queda todo. Celebraciones, sonrisas, algún percance desagradable abandonado en el saco del olvido, momentos únicos, extraordinarios, impagables.
En una zona con una meteorología difícil de predecir, hemos tenido suerte. En el mes y medio que he compartido viaje con Rosa María únicamente un día, en Yellowstone, nos ha sorprendido la lluvia lejos de un lugar donde podernos refugiar. Hemos caminado por zonas nevadas, nos hemos acercado a impresionante glaciares, hemos tenido el privilegio de contemplar paisajes espectaculares sin tenernos que guarecer con paraguas o impermeables. Ha llovido, mucho, pero siempre mientras estábamos conduciendo por las solitarias carreteras que cruzan Canadá y Alaska. Un policía cerca de Jasper nos recordó una frase que repite a menudo “¿No le gusta el tiempo que hace? Espere diez minutos.” Puede lucir el sol, cubrirse de nubes, granizar, y volver a despejarse.

Jornadas largas con pequeños pueblos muy alejados unos de otros. El paisaje es algo monótono. Los bosques que flanquean la calzada forman una muralla verde que limita la visión. Cuando se atraviesan cadenas montañosas se enlazan valles, ríos y lagos con abundante fauna salvaje. No es fácil verla ya que, como en Australia, en ese país inmenso con pocas carreteras los animales prefieren alejarse de las vías asfaltadas. Sin embargo en algunas zonas libres de árboles, cercanas a la calzada, crecen unas hierbas singulares que atraen a osos, renos y bisontes. Junio y julio son los meses altos de turismo en Alaska. En los parques nacionales, sobre todo los marítimos, fiordos con glaciares, hábitat de varias especies, llegan visitantes de todo el mundo. Sorprenden los numerosos grupos chinos. La mayoría de los turistas que llegan hasta aquí lo hacen en barco. Gigantescos cruceros cubren el trayecto Vancouver – Anchorage en una semana. La ida o la vuelta se hace en avión.
Para llegar a Juneau dejamos aparcado el Toyota en Skagway. Tras siete horas de navegación alcanzamos la capital de Alaska que tiene la décima parte de población que Anchorage, la ciudad más poblada con 300.000 habitantes. La frontera entre Alaska y EEUU es algo ilógica, la costa sur debería pertenecer a Canadá pero se respetaron las fronteras que se habían establecido entre las zonas controladas entre Rusia y Reino Unido. A los pocos años de que EEUU comprase Alaska a Rusia se descubrió oro.

A finales del siglo XIX miles de buscadores de oro llegaban a Skagway para acceder al valle del Yukón, en Canadá. Una historia apasionante que podemos seguir al pasar por todos los lugares en que se desarrolló. Pueblos sin ley con bandas de forajidos, héroes, mineros, prostitutas, sobreviviendo en unas condiciones durísimas. Todo eso ocurrió ayer, hace menos de 120 años. Museos, casas restauradas, cabañas, fuertes, utensilios, trajes, fotografías, diversos objetos utilizados por los pioneros, perfectamente conservados ayudan a imaginar que ocurrió en estos pueblos.
En Fairbanks nos encontramos con Álvaro Neil, www.biciclown.com. Nos vimos anteriormente en Teherán y Kuala Lumpur. Es fantástico. Mantiene sus ilusiones mas vivas, si cabe, que hace tres años. Se dirige hacia Ushuaia. Aún le quedan unos años de pedalear por las rutas americanas. Vemos la puesta de sol a medianoche, desde el alto de un monte en Dawson City. El Yukón serpenteando entre montañas. El sol se oculta durante tres horas –la noche- , pero no llega la oscuridad.
Seguimos por la Alaska Highway, la ruta que construyeron los norteamericanos en unos meses, en 1942, tras la ocupación, por Japón, de unas islas aleutianas durante la segunda guerra mundial. En ocasiones pasamos por debajo de enormes puentes de tren construidos con madera.
Disfrutamos de los espectaculares paisajes que se ofrecen entre Edmonton y Calgary, atravesando el parque de Jasper. Llegamos hasta Drumheller, donde toda la ciudad se siente ligada al extraordinario Museo de paleontología Royal Tyrrell. Excelente colección de fósiles encontrados en las cercanas “Badlands”. Salas dedicadas a los dinosaurios.

Antes de dejar a Rosa María en el aeropuerto, desde donde volará a Barcelona, nos acercamos a Calgary para conocer su celebración más importante del año, “La Estampida”, que cumple su cien aniversario. Cabalgata por el centro de la ciudad, rodeo, carreras de carretas, en el gran parque destinado a ese fin. Multitud de personas llegadas de otras ciudades, Estados Unidos e incluso Europa. Es una gran feria con múltiples ofertas. Actuación de cantantes, magos, bandas de música, diversas competiciones todas ligadas a las actividades de los cowboys. Por la noche fuegos artificiales para cerrar el gran espectáculo que se celebra después de las carreras de carretas. Competición espectacular. Al ganador después de diversas carreras celebradas a diario durante la feria se le entrega un premio de un millón de dólares.
Con la fiesta de Calgary cierro el trayecto por el oeste de Canadá. Mañana por la mañana me pondré en marcha, dirección este, hasta llegar a Halifax, en Nova Scotia, donde embarcaré el coche con destino a Rotterdam


Enviado desde Calgary el 8 de julio 2012
Kilómetros recorridos 217.461

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