Crónica 2: del 14 al 30 de noviembre 2007 (1ª)

Libia







14 DE NOVIEMBRE 2007
Hoy dedico el día a seleccionar fotografías, reducirlas, adjuntarlas al texto que voy a enviar Fernando. Por la tarde me acerco al salón Internet. Funciona desesperadamente lento. Enviar las imágenes me lleva unas tres horas. Cuando intento mandar el texto, el ordenador se niega. Resulta que lo he escrito en Office 2007 y los ordenadores del lugar tienen instalados Office 10. Ya pensare como hacerlo.

Al salir me encuentro con los franceses de los autocaravanas. Me informan que no han encontrado gasoil y tienen que esperar a que llegue. Yo no tengo ese problema, Tengo unos 130 litros en los depósitos. No están preocupados. Lo mismo les da esperar en Ghadames, que es un lugar interesante, por dos o tres días, que acampar en otro lugar donde no haya nada que ver.

En uno de los pocos bares que hay encuentro un curioso grupo. Dos libios, guía y conductor, que acompañan a un inglesa que los ha contratado en Trípoli, durante diez días. Primero los escucho, al cabo de un rato me acerco. Les pido información sobre un lugar que han visitado, Methkandoush, pinturas rupestres, que no quiero perderme. Ella esta todavía emocionada por lo que ha visto. El conductor me dibuja un plano en mi cuaderno de notas. Es muy preciso, me será de gran utilidad.Pista a Methkandoush

Uno de los inconvenientes de tener en mi ordenador el último sistema operativo de Windows, Vista Home Premium, es que no he podido cargar el programa que me sirve para diseñar rutas y enviarlas a mi GPS. Les he escrito pidiendo ayuda, tardaran en contestarme, así que mejor guardar cuidadosamente el itinerario aconsejado por el conductor.


15 DE NOVIEMBRE 2007
Cambio de emplazamiento, Abandono el hotel donde acampaba, estaba a unos dos kms de la ciudad. Me traslado a otro junto a la entrada de la Medina.

Vuelvo a intentar el envío de mi diario. Después de imaginar varias soluciones, le pido al responsable del lugar que me permita usar mi ordenador, conectándolo a su red Ethernet. Duda, pero acepta. Tardo en conectarme, no reconoce la red. Por fin me introduce las direcciones correctas y compruebo con gran satisfacción que aparece en la pantalla de mi ordenador la pagina de “El Mundo”. Prueba superada. Intento llamar por teléfono usando Skype, pero la banda de trasmisión no solo no es ancha, es estrechísima. No hay cómo (expresión guatemalteca que me encanta). Desisto. Mandar el texto me cuesta más de media hora. De todas formas estoy entusiasmado. Enviar fotografías y texto desde Ghadames, en medio del desierto, a Madrid es un logro definitivo de la nueva tecnología que ni se me hubiera ocurrido soñar la primera vez que vine al Sahara, hace 34 años.
Los franceses de las autocaravanas han desaparecido, debe haber llegado el gasoil. Supongo que los volveré a encontrar. El país es muy grande pero las carreteras son pocas, siempre se vuelve a coincidir en pueblos de paso obligado.

Como a las tres de la tarde un cous cous que me sabe a gloria, no hay plato mas apetitoso, que aquel que se ingiere cuando uno esta hambriento.
Vuelvo a encontrarme al conductor de la inglesa que debe estar visitando la Medina. Se empeña en señalarme otra ruta que me parece una locura, dos días por un mar de dunas y una planicie rocosa. Le agradezco su interés. Esta última ruta pasara al archivo de proyectos sin futuro.
El día ha amanecido nublado. Esa capa de nubes sobre el cielo de Ghadames ha permanecido durante todo el día. Al llegar la noche ha impedido que el calor diurno desapareciera. La temperatura ha bajado unos grados pero no de forma brusca como ocurre habitualmente. Debido a esa circunstancia, nublado, colores tristes, no he continuado mi paseo por la Medina, lo dejo para mañana. Me he fumado una sisha y me he ido a la cama temprano.


16 DE NOVIEMBRE 2007
Continua nublado, incluso han caído unas gotas de lluvia, mientras me tomaba un te.

No hay forma de cargar el programa del GPS en el ordenador. Hay que solucionar el problema, iré mucho mas tranquilo, cuando vaya a ver determinados lugares, si tengo las coordenadas precisas que me permitirán saber siempre en que lugar me encuentro y en que dirección tengo que continuar. Plan B, utilizare el segundo GPS. Es mas laborioso introducir los waypoints manualmente que en el ordenador y luego pasar la información al GPS, pero… peor es perderse. Voy eligiendo y desechando posibles lugares que visitar. Hay muchísimos, la mayoría no aconsejables para un coche solo con un conductor que no conoce el terreno. Unos franceses me han recomendado la visita al volcán. Otra locura. 700 kms de pista. El libro dice que se exige un permiso especial, dos vehículos como mínimo y el acompañamiento de un guía. Algo de aventurilla si hare. Itinerarios de 100 a Cadena de dunas que habia que superar para acceder a los lagos del Ubari150 kms., con algunas cadenas de dunas pero sin grandes dificultades, espero.

La diferencia con el desierto argelino, es que allí las pistas que recorrí son el medio de comunicación terrestre entre oasis. Aquí, los itinerarios mas utilizados son pistas, en ocasiones sin señalizar que usan sobre todo los grupos turísticos. Hay los que buscan sobre todo cruzar mares de arena, plan deportivo, y los que centran su objetivo en contemplar los petroglifos y pinturas rupestres que tienen una antigüedad de 4.000 años, plan cultural. También pueden combinarse esas dos posibilidades. Es fácil confundirte y seguir una pista técnica de las compañías petrolíferas o de una cantera que te lleva a donde no quieres ir.

Por la tarde he paseado un poco. No hay nada que ver a excepción de la Medina. Un par de calles muy cortitas con zapatería, perfumería, supermercados con oferta muy limitada, ferretería… En un cuarto de hora, visto. He aprovechado para comprar algunas cosas, aumentando mi despensa. A las nueve de la noche no se ve a nadie por la calle. Alguna sombra o un 4x4 que se dirigen al bar donde estuve ayer fumando una sisha.


17 DE NOVIEMBRE 2007
He salido a las diez de la mañana. Esta noche pasada el termómetro ha llegado a los 7º. Cuando sale sol, a mediodía, se llega a los 23º.

Este es mi último día en Ghadames. Vuelvo a la Medina para ver la parte que no visite el primer dia. Lamentablemente he perdido el factor sorpresa. Se que lo que voy a ver será mas de lo mismo, diferente –no hay ninguna casa igual a otra, pero conservando las mismas características. Recorro lo ya conocido sinAlberca de la Medina-GHADAMES perderme, llego al lugar en que interrumpí la visita y regresan las dudas. ¿Derecha o izquierda? Es igual, primero iré a hacia la derecha y cuando vea que me salgo del recinto, regresare y continuare por el otro camino. Siempre encuentras referencias que te ayudan a saber donde te hallas. Veo nuevas plazas, nuevos callejones, con puertas adornadas, nuevas salidas al palmeral. De repente me encuentro con un bar especial. Música autóctona, una parte bajo techado de troncos y hojas de palmera y un, llamémoslo, jardín, suelo de fina arena, con decoración tuareg. Lo mejor del lugar es que el único extranjero soy yo. Desde luego no hablan ni ingles, ni francés. Me siento a la sombra de una palmera, entre sus hojas veo el cielo azul, despejado. Paso un rato muy agradable, tomando te verde con menta, contemplando como riegan todas las plantitas que intentan sobrevivir bajo un sol, que en verano debe ser abrasador. No parece que sigan ningún método u orden de riego. Lo van haciendo con calma. Lo interrumpen de vez en cuando para tomar te y charlar con los clientes-amigos. Antes de irme, tomo unas fotos del bar. Se las enseño al responsable, ignoro si el dueño. Al verlas, le gustan y decide enseñarme su casa. Cuando entro, ya veo que no es una vivienda habitada. Es semejante a la otra que vi pagando dos dinares. Una escalera que lleva a un salón central, del que salen otras escaleras que llevan a las habitaciones y al terrado. El baño, limpio, con ducha, alicatado hasta el techo. Es la casa de su familia, pero ahora viven en la ciudad nueva. Supongo que gozan de mayor confort, pero yo preferiría la casa antigua, alfombrada, fresca en verano, con vistas al palmeral.

Regreso al hotel. Me paso un buen rato introduciendo todos los way points de los lugares que quiero visitar en mi GPS. Al caer la noche baja la temperatura. Ceno en el interior, el dueño me pone el calefactor de aire y enciende la televisión para que vea clips musicales árabes. Llega un grupo de turistas holandeses, me retiro acercándome al salón Internet, donde compruebo que mi web continua sin estar operativa.


18 DE NOVIEMBRE 2007
Me levanto temprano para salir a cubrir una gran distancia. Desechado el paso por la pista que en principio quería seguir, sigo por la carretera que me llevara hacia el sur. Tengo los dos depósitos llenos. Una desventaja de no llevar copiloto es que tengo que mirar los mapas. Esta vez cometo la tontería de no hacerlo y en un cruce, me equivoco y regreso por la carretera por la que llegue a Ghadames. Hay pocos pueblos. Cuando veo el primer cartel me doy cuenta de mi error. 125 kms. Media vuelta para volver al cruce. 250 kms de paseo. El paisaje es monótono, desierto. La carretera, rectas interminables. Voy escuchando música, pero no me distraigo, en cualquier momento puede suceder lo inesperado, como encontrase dos camellos en mitad de la calzada, como si estuvieranParados en mmitad de la carretera de Ghadames a Sebha conversando. No hay arena sobre el asfalto, en general las carreteras están bien. Cuando cae la noche me sorprende una puesta de sol espectacular, el cielo cubierto de nubes que se van tiñendo de rojo a granate oscuro a medida que el sol se oculta. Casi mil kilómetros. No me gusta conducir de noche, pero aquí no hay carros, ni gente andando, las vías son anchas. En ocasiones, pintadas, en otras con reflectantes que marcan perfectamente las dos vías. Es bastante seguro. Llego muy tarde a Brak, ceno un bocadillo con carne que me sabe a gloria, lleno los depósitos en la gasolinera. Aparco, allí mismo, en un lugar resguardado y me duermo como un angelito.


19 DE NOVIEMBRE 2007
Me lavo y afeito en el servicio de la gasolinera. Con mi propio espejo ya que ¿para que se necesita un espejo en los lavabos de hombres de una gasolinera? Excuso decir que allí lo mas que se hace por mantener limpios los retretes y lavabos es regar con manguera. Imaginad el color que ha ido tomando todo con el paso de los años. Gran Reserva. Por supuesto no hay lavabos para las mujeres.

Salgo en busca de una Necrópolis que anuncia la guía. Sigo los way points que había introducido en mi navegador. Al principio va bien, pero en cuanto las pistas se cruzan, pasando por terrenos arenosos, con grandes piedras, con montículos, zanjas y vallados, la cosa se complica. Ves trazos de neumáticos que siguen la dirección correcta. Los sigues. Empiezan a desviarse, ves que la distancia que te separa del punto al que quieres llegar aumenta. Das media vuelta, pruebas otra pista, te encuentras una gran piedra en el camino cortando el paso. Te empecinas. Al final llegas. Cuatro piedras rodeadas de maleza. Tres horas perdidas. Bien. Continuemos. Vamos en busca de los lagos de Ubari. Unos lagos en mitad del desierto que vale la pena ver. Me acercare a los dos primeros, recomendados, fácil travesía, lagos rodeados de palmeras entre dunas. El sueñoDunas del Ubari. del oasis perfecto. Busco y encuentro un camping cercano a mi primer way point. Así saldré pronto por la mañana, la arena esta más dura, mas fácil para franquear zonas de fesh-fesh o arenas blandas. Hago la colada, utilizando el jabón Lagarto que he traído desde España. Las dunas están cerca. Estoy solo en el camping. Leo un poco, ceno y me acuesto.


20 DE NOVIEMBRE 2007
Salgo a la nueve y media. Llego al primer way point, con algunas dudas, pero sin mayores problemas. Tengo marcados 20 para llegar a los lagos. Parece ser que están cerca, a unos 25 kms. el primero, Mandara, y a cinco mas, el mas bonito Umm Al Maa. Conduzco sobre arena. Antes de tener mayores problemas, deshincho los neumáticos a un kilo, conecto las ruedas delanteras para poder utilizar, cuando sea necesario, tracción a las cuatro ruedas y sigo en busca del way point numero dos. Parece claro. Varias roderas se encaminan hacia una duna. A una de las muchas que forman una barrera que debo franquear. Palanca de cambio, tracción a las cuatro ruedas, segunda a tope y duna para arriba. Cuando llego a la cima, un segundo y el vacio delante de mi. Se me hiela el corazón y freno. Nunca había experimentado una sensación semejante. Es fuerte, Al borde del precipicio-UBARImuy fuerte. Es como asomarte a un precipicio sin poder agarrarte a nada. Quedo en la cresta, clavado. He subido por la zona de pendiente suave y al otro lado me encuentro un descenso de una duna de unos 80 metros de altura con una pendiente de unos 70 grados. A unos cuatrocientos metros un camping. En medio de un circo de dunas. Es como si estuviera en la corona de un volcán y allá abajo viera el camping. He hecho lo que no se debe hacer. Frenar. No lo esperaba, no he reaccionado. En ocasiones he subido y bajado dunas, pero nunca de esas alturas y desniveles. Las ruedas de delante no tocan el suelo, las de detrás están hundidas y el coche se apoya en la cresta de la duna. Imposible sacarlo. Lo intento, pero un puedo. Si saco la arena de debajo, el peso del coche hace que vuelva a apoyarse otra vez sobre la arena. Tendría que ir quitando mucha, con paciencia, hasta que fuera inclinándose hacia delante, hacia la gran bajada. Los del camping me han visto, acuden a ayudarme, son seis fornidos hombres acostumbrados a este tipo de situación. Me dicen que no me preocupe, que lo sacaran. Intentan todo, retirando arena, empujando, hacia atrás, hacia delante, me pongo también a sacar arena, no hay forma. Uno de ellos es conductor experimentado. Me dice que la única solución es bajar. Que el bajara el Toyota. Vale. Comprendo que no hay otra solución, mejor que lo haga el. A la hora hora y media, logran que el coche se incline hacia delante. Dos de ellos se suben detrás para hacer mas peso en la parte trasera. Al llegar abajo, sale el conductor y lanza un grito de victoria. Los demás bajamos, llenándonos de arena finísima.

Una vez en el camping que pertenece a una compañía que organiza viajes por el desierto me ofrecen agua fresca y ducha. No hay ningún grupo. Forman un conjunto curioso, hay gente de Nigeria, Argelia, Mali, el responsable es un chico egipcio, joven, que se distingue enseguida, educado, habla ingles, francés, italiano y por supuesto árabe. El único libio es el conductor.

Veo que no solo va a ser difícil ir a los lagos. ¿Por donde saldré de aquí? Estoy rodeado de dunas. “No te preocupes, por allí es mas fácil”. “Si quieres te llevo a los lagos, en tu coche y me das lo que te parezca, sin problemas”. Salimos del camping. Tercera, segunda, tracción a las cuatro, tercera, segunda, subiendo, bajando dunas, segunda, reductora….. clavados en el fesh-fesh. Intentamos sacarlo, planchas de goma, bloqueando diferenciales, nada. “Mira –le digo-, como estamos cerca del campamento, ve andando a buscar ayuda y que nos saquen con otro coche”. Le doy una botella de agua. Espero, escuchando música. Media Dunas junto al lago Umm Al Maa-UBARIhora mas tarde oigo el motor del coche, ponemos una de mis eslingas, arrastran un poco y salimos. Regresamos al campamento. A mi me fastidia no ver los lagos, estando tan cerca. Al Toyota le falta potencia y neumáticos adecuados para superar estas dunas. Sus coches llevan motor de gasolina y neumáticos especiales para arena, además pesan menos. “¿Cuánto me costaría que me llevarais al Mandara y al Umm Al Maa, en uno de vuestros coches?” – “Cuatrocientos dinares, (228 euros) es muy barato”. “Yo no puedo pagar eso” – “Conozco otro camino por el que llegaremos con tu coche sin problemas”, me dice el conductor. -“¿Seguro?”, le respondo. “Seguro”, me contesta. De todas formas mejor que venga otro acompañante y nos llevamos un bidón de agua.

Yo no hubiera podido llegar. El sabía y conocía el terreno. Conducía muy bien. Buscaba los lugares para atacar la subida de las dunas. Las bajadas impresionan, pero no encontramos ninguna de la magnitud en la que me quede clavado. Los lagos son espectaculares. Mejor dicho, el Umm Al Maa, rodeado de dunas, con palmeras reflejándose en el agua de un color azul intenso. Por la noche debe ser diferente, es la hora de los mosquitos. Se aconseja acampar a los que así lo decidan a una distancia no inferior a un kilometro. En ese lugar sorprendente, bellísimo por su emplazamiento, puedes encontrar artesanía tuareg. Bajo unas palmeras, tienden sus mantas dos tuareg -no se donde vivirán-, ofreciendo collares, pulseras, bolsos.Artesania tuareg junto al lago Umm Al Maa-UBAR
El otro lago, Mandara, esta seco. Solo hay barro en su centro. Antes vivía gente en un pequeño poblado del que apenas quedan unas casuchas. Tal vez vivan ahí los tuareg vendedores. Veo camellos pastando. Si, seguro que viven ahí. Deben ir al otro lago por la mañana y vuelven al atardecer.

Regresamos al campamento siguiendo más o menos el mismo itinerario. No nos clavamos en la arena ni una sola vez. Les agradecí a todos su ayuda. Al conductor le di 50 dinares (unos 30 euros) y a los otros 20 dinares a repartir. Todos estaban contentos e incluso me acompañaron con un coche para sortear las dunas y pasar al otro lado.
Debo tener un ángel de la guarda o a alguien que me protege y cuida de mi. Alguien que me quiere bien. ¿Qué hubiera pasado si no me ven los del camping? Nada grave, pero hubiera tenido que ir a buscar ayuda a pie, dejando el coche en lo alto de la duna. ¿Qué hubiera pasado si eso me ocurre en el camino a los lagos? Hubiera tenido que trabajar hasta sacar el coche del atolladero, siempre sale, pero a veces con gran esfuerzo o esperar a que pasara alguien, siempre hay alguien que va a los lagos, por eso están los tuareg con su puestecillo. De lo malo hay que sacar experiencia. No más dunas yendo solo. Ahora comprendo por que me miran todos sorprendidos cuando les digo que viajo solo. Lo que les sorprende no es que vaya solo, sino que no forme grupo con otros coches.

Por la noche me alojo en otro camping cercano, clasifico fotografías. Me acuesto temprano porque se corta el suministro eléctrico. En la cama, antes de dormirme, revivo todo lo ocurrido durante el día. Ha sido gratificante, he aprendido, porque eso es lo que ofrece el viaje, lo inesperado, sensaciones, vida. Luego, ducha, sopa, cous cous con cordero –que bueno-, noche despejada, luna casi llena, y mañana…. Al Methkandoush.


21 DE NOVIEMBRE 2007
Tengo el plano, tosco, apuntado en unas hojas de mi cuaderno de viaje, de la ruta a Methkandoush, que me dibujo el conductor que conocí en Ghadames. También los way points de esa ruta, sacados del libro “Itinerarios GPS del desierto de Libia”. Ahí no hay dunas. A las nueve y media estoy cruzando el control militar que hay al principio de la carretera que conduce a Methkandoush. “¿Solo?”. Miran mi pasaporte. Esta en regla. Retiran el bidón y me dan paso. Hay una carretera estupenda, bien asfaltada, pero dura poco, unos 15 kms. Después los restos de una antigua carretera, rota, con una terrible “tôle ondule”, sin escapatoria posible por ninguno de los dos lados ya que esta bordeada de una planicie cubierta de arena y piedras negras por la que es imposible circular. Solo son treinta kms. Después una bajada a una gran llanura. Hay numerosas marcas de neumáticos que huyen de la carretera, sigo una de ellas, tal como indica mi mapa. La dirección del GPS avala la decisión. Un gran placer correr por la llanura, eligiendo el camino.

De vez en cuando hay zonas arenosas blandas que no causan mayor problema que el polvo que levantas al cruzarlas. Veo un par de camiones a un kms de distancia, siguiendo el mismo camino. Una línea recta, señala el horizonte. Parece que no avances, pero puedes ir rápido. Voy en quinta a 100 kms. por hora. El mapa coincide con todo lo que voy encontrando. Cuando llevo recorridos unos 110kms, aparece una especie de campamento. Esta en el mapa. Pregunto a un tuareg y me dice que me faltan unos 25 kms. Ahí me equivoco. El tuareg me señala la línea recta, el mapa me indica que vaya a buscar la carretera. Sigo la indicación del tuareg. Llego a otro lugar siniestro. En medio de la nada, como un desguace de motores, hierros, barracas… Veo a un hombre que me dice, diez kms más y llegara. Pero no he ido por la carretera, voy por una pista entre piedras, cada vez más difícil, con subidas y bajadas. Por ahí no pasa nadie, apenas hay huellas de neumáticos. Para colmo el GPS me dice que estoy yendo al revés. Tal vez sea por la mala experiencia de ayer, pero decido dar media vuelta. Al llegar al campamento del Tureg dirigiendose a la Mezquita-GHATtuareg puedo volver a tomar la buena ruta, solo son 25 kms., pero he perdido el humor. Quiero volver. Entre esas mil posibilidades que ofrece la planicie voy escogiendo la que me permita huir más kms de la “tôle”. Tanto me voy apartando de la carretera que empiezo a ver un paisaje diferente, unas colinas que no vi antes. Vuelvo a encender el GPS y le pido que me indique la ruta que he hecho. Es una función muy útil. Es como tirar miguitas de pan. Siempre puedes volver por el mismo camino.

Efectivamente me estoy desviando. Corrijo y vuelvo a encontrar la carretera. Ya sin mas contratiempo, vuelvo a pasar por el control y decido continuar hasta Ghat. He de poner gasoil, no quiero apurar. Quedarse sin combustible, tal vez de noche, en una carretera del desierto no debe ser una buena experiencia. En la gasolinera, “mafish”, no hay. “En Ubari”. 20 kms. mas y “mafish”. Bien, esperare. Dejo el coche delante del surtidor y me voy a un café cercano. Como, leo un rato. Cuatro horas. En realidad, llega el camión a las tres horas, pero el conductor se pone arreglar un faro, antes de iniciar la descarga. Paso el rato hablando con uno que se me acerca luciendo una camiseta del Che Guevara. Es su ídolo. “Un hombre que lucho por la libertad de los pueblos, ya no hay lideres asi”. Habla francés, italiano, ingles. Esta bien informado, es bereber. Me razona que todos los males los ha provocado Europa. “¿De donde llegaron los invasores de América, de África o de la India?”. Hablamos de injusticias sociales, de los palestinos masacrados, del racismo, de Libia. Es algo que ya me han comentado anteriormente. “Los bereberes, los tuareg son los primeros habitantes de estas tierras. Luego vinieron los invasores. Los árabes, los italianos, colonizaron. Las clases dominantes no son originarias de estas tierras. No quiero irme de aquí. He podido y no he querido ir a Europa. Quiero vivir en mi país, pero el reparto y las ayudas a la industria o la agricultura no son iguales para todos. A los bereberes y tuareg se nos discrimina”.

En la espera que es larga, como la cola de coches que se va formando, me encuentro con unos franceses que conocí en Ghadames. Les cuento mi experiencia de los lagos. Ellos conocen esa zona, ya que han atravesado el desierto tal como yo quería hacer en un principio. Me dicen que es una locura hacerlo en solitario. Ellos son un grupo de amigos, con tres todo terreno, que han venido en anteriores ocasiones a Libia y que han tenido bastantes problemas para superar algunas zonas. Tienen experiencia viajera, hemos hablado de otros lugares de África y me han preguntado por Namibia y Mozambique. “Tal vez volvamos a vernos, cuídate”.
Con los depósitos llenos, salgo en dirección a Ghat. Empieza a anochecer, pero me encuentro bien. Música y carretera. Llego a Ghat a las once de la noche. Me doy una vuelta por la ciudad (¿qué es una ciudad para nosotros? ¿Vendrell? Vendrell es mucho mas grande que Ghat), busco un camping, pero por la noche no encuentro nada. Aparco en el centro, en una especie de plaza-aparcamiento. Se me acerca el conductor de un coche que me ha visto en una y otra dirección y me pregunta se necesito ayuda. Le digo que buscaba un camping pero no debe preocuparse por mí. “Muchas gracias, mañana lo encontrare. Dormiré aquí” Y ahí me quedo. En el centro. Me duermo a las doce.

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