Crónica 26: del 23 septiembre a 2 octubre 2008 (1ª)

India








Salgo de Katmandú al amanecer. La ciudad empieza a despertar. Intento evitar, en lo posible, el angustioso transitar por las estrechas calles de Katmandú. Día nublado. Consigo salir de la capital en veinte minutos. Un éxito. Tomo la carretera dirección a Pokhara. Tengo que salir por la misma frontera que entré, pero seguiré otro itinerario. Evitaré la Tribhuvan, serpenteante, entre montañas, peligrosa. No quiero repetirla. He visto que en la ruta se encuentra un funicular, construido por austriacos, hace diez años, que permite llegar hasta un templo dedicado a la diosa Bhagwati, una encarnación de Parvati, que tiene el poder de decidir el sexo del hijo que se espera. Todos suspiran por un varón. Llegan muchos peregrinos que sacrifican cabras o palomas, con la esperanza de que sus deseos se cumplan. Tienen un cincuenta por ciento de posibilidades de que la diosa atienda sus demandas. Para mi lo más interesante que me ofrece el funicular es que me lleva hasta un punto, desde el que, después de ascender tres kms más, a pie, me permite ver los altos picos del Himalaya. Los primeros kms. de la carretera transcurren bien, luego se complica y empiezan las curvas. El asfalto está en buenas condiciones y la anchura de la vía permite adelantamientos y el paso de dos vehículos, holgadamente. Mi primer contratiempo surge cuando quiero llenar los depósitos de gasoil. Las distintas estaciones de servicio en las que pregunto tienen las reservas agotadas. Tengo suficiente carburante para llegar a la India, pero cambié dinero que ahora va a sobrarme. Veo, en una gasolinera, que un tractor está llenando su depósito. Cuando intento que hagan lo mismo con los míos, me dicen que sólo pueden servirme cinco litros. Después de rogar, acceden a suministrarme 15. Menos es nada. Tendré que ir llenando poco a poco. Con paciencia, logro dos cargas suplementarias, en otros puestos, de diez litros. Me sobra mucho dinero. Me fastidia reconvertirlo en rupias indias, porque perderé en el cambio. Cundo llego a las puertas del funicular, las nubes cubren las montañas. Cambio de planes. Sigo en dirección a Pokhara, para acercarme a Bandipur, un pueblecito, en las montañas, que conserva edificios y forma de vida tradicional. La carretera que lleva hasta este “museo vivo de la cultura newar” (frase de la guía que utilizo), transcurre, durante 18 kms montañas. Buen asfalto, estrecha, muchas curvas en u y desnivel variable. Por suerte, me cruzo con sólo con algunos tractores, un par de coches y tres motos. La carretera termina en el pueblo, en el que está prohibida la entrada a vehículos motorizados. Es de gradecer. Lo que no está resuelto es el aparcamiento. Después de una laboriosa maniobra, evitando canalones y agujeros, logro situar el Toyota en el patio embarrado de una casa cercana. ¿Qué ocurre cuando llegan diez coches? ¿Dónde se dejan? Antes de entrar por la calle principal, un cartel, elevado, muestra los puntos de interés de Bandipur y cercanías. Está muy bien. Tres extranjeros. Quietud. Espacio. Calle central y otras secundarias, enlosadas. Se abren claros en las nubes y los rayos de sol iluminan las antiguas casas del pueblo que mantienen su diseño original. Leña apilada, mazorcas al sol, ropa tendida. Tomo un té, en una terraza, con amplia vista sobre el valle. Marco un itinerario y me pongo en marcha. Al final de la calle principal, una biblioteca de madera, con ventanas y vigas talladas, frente al principal templo del pueblo, Bindebasini Mandir, dedicado a Durga. Sigo camino de Tundikhel, en una explanada, donde se celebraban las ferias que tenían lugar, cuando Bandipuer era una escala en la ruta del Tibet a la India. Para llegar hasta ahí, tengo que subir unas escaleras, en las que me preceden unas mujeres con cestas vacías y seguir por caminos embarrados. Lo primero que veo al llegar, son las cinco grandes higueras que simbolizan dioses hindúes. Acercándome a un mirador, desde el que se abarca una gran extensión, veo a lo lejos, entre la bruma, montañas rodeadas de nubes. Prestando mayor atención, distingo unos picos, que logro fotografiar. Ignoro cuáles son, pero por fin he podido ver cumbres con nieves eternas, en la cordillera que tiene diez de los 14 picos más altos del mundo.
Al regresar hacia el pueblo, paso por delante del templo Khadga Devi Mandir. Está cerrado. Es una pena, porque en el interior se guarda la espada sagrada de un rey del siglo XVI. Un regalo muy especial de Shiva al Rey. Eran otros tiempos. Dioses y hombres estaban en mejor relación que en la época actual. Como siempre, escaleras. Siempre me encuentro con escaleras para llegar a algún templo o monumento. He de reconocer que, gracias a ese mínimo esfuerzo, supongo, ha desaparecido un pequeño, pero molesto, dolor que durante un par de meses notaba en mi rodilla izquierda. En algunas paredes de viviendas, se mantienen pintadas que evidencian el apoyo del pueblo a la causa maoísta.



En mi camino hacía la frontera, tengo que volver a cruzar las montañas, pero esta vez, es siguiendo el cauce de un río. Curvas, calzada en obras, pero sin mayores contratiempos ni peligros. Paso cerca del parque de Chitwan, una gran reserva de pantanos y prados, en los que se encuentran tigres, leopardos, rinocerontes y delfines, los delfines del Ganges, quedan pocos. Hasta que no se convirtió, el área, en parque natural, en 1.973, Chitwan era zona de caza para unos pocos. En 1.911, El rey Jorge V de Inglaterra y su hijo Eduardo VIII, lograron abatir en una cacería 39 tigres y 18 rinocerontes. Paso de largo. Quiero llegar a Lumbini, lugar donde nació Buda, antes de que anochezca. Está a solo 26 kms. de la frontera con la India, pero cubrir esa última distancia se me hace pesado y lento, por la gran dificultad que tengo para adelantar autobuses y camiones que se niegan a abandonar el centro de la vía. Motos y ciclistas dificultan además la maniobra.

Buscando hotel, me interno en el poblado de Lumbini. Vacas y carros me hacen comprender que estoy en el lugar equivocado. Ahí no hay hoteles para turistas. Media vuelta. Pregunto varias veces y logro encontrar un hotel, en un bosque, dentro de la Zona de desarrollo, recinto amurallado, de gran extensión, dentro del cual se encuentran los principales templos y monasterios que se han levantado cerca del lugar donde nació Buda. Soy el único huésped del hotel. Cabañas, básicas, con ventilador y malla metálica anti mosquitos, que en esta zona deben encontrar el hábitat soñado. Ceno. Me acuesto temprano. Quiero iniciar la visita a las ocho de la mañana, hora en que se abre el parque. No está permitido el tránsito de vehículos motorizados, por lo que, dada la extensión, lo mejor es alquilar una bicicleta o ser transportado por un rickshaw. Opto por lo segundo. El conductor conoce bien el parque y seguirá el itinerario más conveniente. El diseño, de 1.978, es obra del arquitecto japonés Kenzo Tange. Sigue en construcción. Algunas pistas de tierra, unas pocas asfaltadas, mal mantenidas, lagos, estanques y… monasterios budistas de distintas nacionalidades. Hemos iniciado el recorrido visitando primero la parte oeste. Digamos que la zona, contiene tres sectores diferenciados. Un grupo de monasterios en el este, otros en el oeste, un gran estanque circular que rodea el templo principal, Maya Devi, donde nació Buda y un cuarto sector, fuera del parque, en donde se levanta la Pagoda de la Paz Mundial. No hace falta llegar a la puerta de un monasterio para conocer el país que lo ha edificado. El estilo arquitectónico no deja lugar a dudas. Salvo uno, que destaca, junto a un lago. ¿Quién lo ha levantado? La gran stupa de Dringung Kagyud Lotus, ha sido financiada por la fundación alemana Tara. Es … chocante. Me llamaron la atención varios detalles. En las fotografías que acompaño, pueden observarse dos. El cartel que ruega no pisar el césped y los tiradores de una puerta. Después de visitar todos los edificios del sector oeste, el rickshaw me ha transportado hasta la Pagoda de la Paz Mundial, construida por budistas japoneses. Paz Mundial. Un monje japonés fue asesinado por extremistas antibudistas. La tumba está situada a pocos metros de la pagoda.

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