Crónica 3: del 1 al 11 de diciembre, 2007 (2ª)

Egipto







Mientras paseo entre las ruinas, me encuentro a matrimonio de Vich. Están viajando por el desierto, con dos coches, conductores y guía. Se van a internar por una zona por la que pasa nadie. Mientras esperan los permisos necesarios, visitan los alrededores. Hace tiempo que descubrieron el encanto del desierto, en una ocasión, siete coches, familia y amigos, cruzaron el de Ubari, en Libia, saben de lo que hablan. Se organizan los viajes a su gusto. Conocieron hace algún tiempo a un beduino, en el Sinai, que es quien les planifica el viaje. Llevan un teléfono, vía satélite, necesario para resolver cualquier problema que pudiera acontecer.

A las tres de la tarde, voy al bar en donde había concertado el encuentro con el francés y Amura. No aparecen. Me acerco al “Tanta w’aa”. Como con Irina y John, Irina se marcha mañana, camino de Petra, luego regresara a Dahab, en el Sinai, para pasar las Navidades, luego volara hacia la India de nuevo. John me habla de lugares realmente fascinantes de Australia. No sabe a donde ira después de Siwa, le ofrezco llevarle a Bahariyya conmigo. Despues podra continuar hacia el sur, en autobús.

Volvemos a Siwa, intento ducharme en el hotel de Irina, pero no hay agua. Aparece el francés, no acudió a la cita porque se había quedado dormido. Logro contactar por teléfono con Amura, acaba de llegar, se presenta con otro que habla bien ingles. Le entrego pasaporte y carnet egipcio del coche. Los permisos cuestan cinco dólares y diez libras egipcias por persona, no es mucho. La mujer del francés, Christelle, habla español. Les recomiendo que busquen mas gente para compartir gastos en el traslado a Bahariyya con un todo terreno, Amura puede llevarles. Quedamos citados a las nueve de la mañana del dia siguiente. Regreso al “Tanta w’aa” para cenar, barbacoa de cordero, arroz, humus y te. Entre las palmeras, la montaña iluminada por los italianos, el “Baño de Cleopatra” con velas, musiquita y gran hoguera. Con nosotros, alrededor del fuego, un grupo de norteamericanos, jóvenes de vacaciones.


5 DE DICIEMBRE 2007

Hoy he pasado el día oficiando de intermediario entre conductores y turistas. Por la mañana, a las nueve, acudo a la cita con los franceses. Han encontrado mas pasajeros para compartir gastos de viaje a Bahariyya, un matrimonio israelita y un ingles. Problema, bueno en realidad no hay problemas, solo obstáculos, Amura no quiere llevar a mas de cuatro personas, pero el viaje sale mas barato si el precio se divide entre cinco. ¿Solución? “Amura, tu llevas a los dos matrimonios y la niña y yo al ingles”, así John se entretendrá hablando con el, yo pondré mas atención en conducir. Todos de acuerdo, mañana saldremos desde aquí, a las siete y media de la mañana, hay que aprovechar la luz diurna.

Los dejo a todos, voy darme una vuelta por el palmeral, tal vez descubra algo nuevo. Me acerco a la “montaña de la muerte”. Fui utilizada por los habitantes de Siwa para protegerse de los bombardeos italianos durante la segunda guerra mundial. Hay unas cuantas tumbas de la época Ptolomeica y romana, en muy mal estado de conservación. Debe ofrecer muy buenas vistas desde lo alto, pero me da pereza la ascensión. Abandono el lugar y vuelvo al “Tanta w’aa”, musiquita agradable y te. Escribo un rato, leo, miro las nubes, mientras me balanceo en una hamaca.

A primera hora de la tarde, llega un grupo en bicicleta, holandés y alemán, les gustaría beber cerveza, pero tienen que conformarse con zumos de frutas. Walid me explica, que aunque Siwa esta cambiando, todavía no ha llegado el momento de poder servir cerveza en su bar-restaurante. No hace mucho lo intento un egipcio llegado de Alejandría. Los lugareños formaron un grupo numeroso y arrasaron el bar, incluso tiraron al suelo la paredes de ladrillo.

Me pongo a hablar con una alemana, unos sesenta años, que ha hecho tres veces el Camino de Santiago, por distintas vías, ha recorrido el desierto de Atacama, llegando al salar de Iyuni en Bolivia, ha visto Machu Pichu después de superar el camino del inca, esta planeando para esta primavera un viaje por Laos, Camboya y Vietnam. Me gusta encontrar gente así, supongo que en este viaje coincidiré en muchas ocasiones con personas que intentan escapar de la monotonía de las ciudades. Vuelven a preparar una hoguera cuando el sol se esconde entre las palmeras. Regreso a Siwa.
Ceno con John en el restaurante de las citas conductores-turistas. Se acercan tres chicos jóvenes, una chica y dos chicos, entre 22 y 25 años, Talita, Bruno y Edsom, preguntándome si puedo llevarles a Bahariyya. Son estudiantes brasileños, de Belo Horizonte, que están cursando un master en Portugal. Les doy el teléfono de Amura para que les busque un coche. Aparece Mohamed, un antiguo ayudante de Khaled, el guía de Bahariyya que siempre contrataba cuando iba al desierto Blanco. Conocí a Mohamed cundo tenia 17 años, ahora, cinco años después, se ha establecido por su cuenta, lleva grupos al desierto. Le digo que hable con los brasileños, cuando lleguen a Bahariyya necesitaran contratar guía-conductor. Me da su tarjeta y se despide, “Hasta mañana”.

Los brasileños han encontrado coche, les costara caro porque no pueden compartir los gastos con nadie mas. Me cuentan que quieren llegar hasta Abu Simbel. Empiezo a aconsejarles lugares, precios y distribución de su tiempo para aprovecharlo al máximo. Quedan encantados, no tenían ningún itinerario previsto. Pensaban dedicar cinco días a Luxor, con tres tendrán suficiente, incluyendo la visita a Dendera y Abydos. “Volved a El Cairo en tren, butaca, de noche. Es barato, os ahorráis una noche de hotel, abrigaos, hace frio”. Nos hemos entretenido mucho tiempo, los del restaurante quieren cerrar. Antes de irme a dormir, cargo a tope de gasoil.


6 DE DICIEMBRE 2007

A las siete y cuarto limpio cristales y retrovisores. Talita, Edsom y Bruno están sentados en el bordillo, delante de su hotel, esperando que les recoja el coche que les va a llevar a Bahariyya. Hace frio. Empiezan a abrir las tiendas. Van llegando el resto de viajeros. No aparece Amura. Le llamo pero no descuelga el teléfono. Insisto. Se había quedado dormido, se excusa al llegar. Carga depósitos en la gasolinera, antes de salir del pueblo, nos reunimos con otro grupo de vehículos con los que vamos a formar un convoy. Revisión de permisos, comprobación de pasaportes y… en marcha, son las nueve menos cuarto. La carretera en principio no esta mal, asfalto reciente. Pasa por un gran lago, sobre un talud. En total son 400 kms.

Hay tramos horrorosos que se alternan de vez en cuando con unos kilómetros de piso excelente, en estos últimos circulamos a 140 kms hora. Para evitar la durísima “tôle”, dejamos la antigua pista y sorteamos dunas. El grupo se disgrega, cada uno busca el mejor camino, bien sobre la planicie arenosa o, subiendo y bajando dunas de 10 o 15 metros de altura. Procuro no perder de vista a Amura. Los coches vuelven a juntarse en los controles militares por los que debemos pasar. Se comunican de uno a otro por medio de radio. Las comprobaciones suelen durar un cuarto de hora. Sopla viento fuerte, frío, no bajo del coche. Los antiguos barracones que recordaba de mi primer viaje por esta pista, hace cinco años, han sido sustituidos por construcciones de ladrillo.



Amura se porta bien, se acerca a lugares con vistas espectaculares y encuentra una hondonada protegida del viento para comer. Siempre atento y sonriente, enciende fuego, calienta agua y nos ofrece te beduino.
Encontramos uno de los coches que se ha quedado atrapado por la arena, proponen que empujemos todos para ayudarlo a salir de la trampa. “Quietos, un momento”. Abro la puerta de atrás del Toyota, saco una eslinga y dos grilletes, tiron y fuera. Continua la marcha.


Llegamos coincidiendo con la puesta de sol, a las cinco y cuarto de la tarde. El principal grupo, que conocí ayer por la tarde, se aloja en el hotel en el que había comido en varias ocasiones en anteriores excursiones al Desierto Blanco. Esta bien, lo han reformado, pero cobran 25$ USA por persona. A mi grupo le parece muy caro. Quieren buscar uno mas barato. Mohamed se ofrece para llevarles a otro que cuesta 25 libras la habitación, sencilla o doble, es igual. Yo estoy dispuesto a dormir en el coche una vez mas, ya me he acostumbrado. De repente sale el director y me reconoce, ha decorado el hotel con numerosas fotografías mías del desierto. “A Yusef (por ese nombre me conocen) y sus amigos precio especial, 6 $ USA por persona, desayuno incluido”, pero nos ruega que no se lo digamos a los otros huéspedes. De acuerdo.

Cenamos en el restaurante casposo que esta delante del hotel. Lo mismo de siempre, cinco años y continua ofreciendo sopa, arroz, unas verdurillas y un poco de carne de cordero. La primera vez que vine, pague por ese menú, refresco incluido 12 libras, ahora me pide 40. Le digo que es muy caro y me baja cinco, no pienso volver.
Hablo con Mohamed, para que lleve al desierto a los tres brasileños y los dos ingleses. Talita esta desolada porque les ha pedido 350 libras por persona y no tienen mucho dinero, estarían dispuestos a pagar 300. Hago un aparte con Mohamed. Al final, ya que son cinco, me dice que lo puede dejar en 240, asiento con la cabeza, y en voz alta les digo a todos que les va a costar 250. Todos contentos. Mientras tanto han aparecido otros antiguos conductores con los que he viajado en varias ocasiones. Han venido a saludarme, al enterarse que estaba en el bar. El matrimonio francés, con la niña, quiere descansar un día y pasado ir al desierto, Mohamed buscara otra pareja, para que el precio resulte mas barato.

Mañana me despediré del grupo, saldrán a las diez de la mañana. He hablado con Baldo por teléfono, tal vez se apunte a la excursión a Dahla, vendrá en coche, con un compañero de trabajo y su novia. Día completo, todo bien.


7 DE DICIEMBRE 2007

Llamo a Baldo al levantarme, su teléfono esta fuera de servicio. Deduzco que se halla en camino a Bahariyya. Bajo a despedirme de los brasileños y los ingleses que se van al Desierto Blanco en el coche de Mohamed. Aglomeracion de todo terrenos preparados para iniciar la marcha.

Aparece Khaled con un nuevo coche, un Toyota con mejor aspecto que el anterior. Se ha casado. Cumplió se deseo de pasar la luna de miel en el desierto. Se caso en Agosto del año pasado, calidas noches bajo la luz de las estrellas. Su esposa quiere repetir, pero, según me dice, no ha podido disponer de dias libres. Le regalo la radio-cassette original del Toyota, la cambie por una con FM, lector de CD’s y conexión USB. Habla con los franceses, intentara encontrar otra pareja para compartir gastos. Quiere invitarme a comer, pero prefiero esperar a Baldo que continúa con su teléfono fuera de cobertura.

Me doy una vuelta por el pueblo, lleno el depósito de gasoil. Baldo sigue sin dar señales de vida. Paso la tarde leyendo. A las seis, los franceses me dicen que van a ir a Al Quseir. Tengo que mirar el mapa para saber que es un pueblo costero en el mar Rojo. En su tiempo fue un puerto importante de salida de peregrinos a la Meca, hoy no tiene ningún interés, los servicios son mínimos. Para llegar allí, deberían tomar como mínimo 5 autobuses y emplear mas de 30 horas. Desisten, regresaran a El Cairo. Les recomiendo lugares interesantes de la ciudad y alrededores. Khaled se empeña en invitarme a cenar en su casa.

Logro hablar con Baldo. Estaba con un grupo de coches que probaban nuevas rutas por el desierto, camino de Bahariyya. Uno de los vehículos ha sufrido un accidente, han tenido que llevar al conductor al hospital. Se ha suspendido la prueba y han regresado a El Cairo.

Tercera buena obra de la semana, les digo a los franceses que pueden venir conmigo a Dakhla. Les llevare al Desierto Negro, a la Montaña de Cristal y les paseare un ratito por el Desierto Blanco (todo esto se encuentra en el camino a Dakhla). Luego ya decidiremos. Se ofrecen para compartir gastos, pero les digo que no hace falta, que me inviten a cenar. Todos contentos otra vez.

Khaled viene a buscarme. Cenamos en su casa, con uno de sus hermanos, que solo habla árabe. En esa casa, que es muy grande, viven sus padres y siete hermanos con sus respectivas familias. Khaled se esta construyendo una, con piscina, que espera haber terminado para primavera. Por supuesto, no veo a nadie más. Cenamos en una habitación que utilizan para ocasiones como la de esta noche. El menú, habitual, sopa, cordero, moloheya, verduras con salsa de tomate, arroz, granada, melón y te. Vuelve a repetirme que no dude en llamarle si necesito ayuda. Insiste en que me quede a dormir, pero comprende que prefiero el confortable habitáculo de mi coche. A las diez, nadie por la calle, ya me he acostado.


9 DE DICIEMBRE 2007

Cargamos fruta y agua. A las nueve iniciamos ruta. Al salir de Bahariyya, primer control de los varios que nos hemos encontrado durante el día. En todos anotan numero de matricula y nacionalidad de las personas que viajan en el coche. En algunos se incrementa la información con nombre, numero de pasaporte, origen y destino. En uno, mi nombre figura como “ANRADMOR”, al verlo, asiento con un movimiento de cabeza afirmativo.
Christelle y Julien suben a la colina del Desierto Negro, mientras juego con la niña que se ha quedado conmigo.
Cuando llegamos a la Montaña de Cristal, unas rocas que tienen capas de cuarzo cristalizado, nos encontramos con dos grupos de turistas. A pesar del cartel que prohíbe llevarse nada del lugar, veo a un niño con una pieza de 30 cms cubierta de brillantes cristales. Ignoro donde la habrá descubierto, hace tiempo que todo aquel que pasa por aquí arranca y destroza lo que en un principio debió ser un espectacular brillo de cristales sobre las rocas.

Entro en el Desierto Blanco, utilizo el GPS para poder regresar por el mismo camino cuando quiera volver. Encuentro alguna de las rocas blancas espaciales que busco, pero no una elevación que tenia una vista extraordinaria sobre una gran extensión. Estamos una hora y media dando vueltas. Gracias al GPS no tenemos ningún problema en volver a la carretera por el mismo lugar que habíamos entrado.

Comemos en Farafra en el único restaurante que vemos en la calle central. Ocupamos la única mesa, encajonada entre mostrador y cocina. Aceptamos todo lo que nos ofrecen, zanahoria, nabo y pimiento encurtidos, taameya, te, acompañado por un pan hojaldrado riquísimo que hemos comprado anteriormente en la panadería local, como postre plátanos. Coste de todo lo consumido, un euro y medio.


Llegamos a Dakhla a las cinco de la tarde. Encontramos un hotel que no esta mal. Julien intenta que me aloje en el hotel, pagando ellos. “Muchas gracias, prefiero dormir en el Toyota, es mi casa”. Kristel ha leído en la guía que un restaurante, además de ofrecer un menú variado, dispone de cerveza fría. Pobrecita, tenia que haberle hecho una foto de su cara mientras el “patrón”, después de disponer para sus únicos clientes una gran mesa, recitaba el menú, sopa, cordero, ensalada, arroz. Para beber, zumo de limón, pepsi o seven up. Mientras cenábamos, se ha presentado un local, con turbante y sisha, que ha sacado de su Land Cruiser. Nos ha hablado de su campamento beduino en el desierto, con baño en un estanque de agua caliente natural. Se ha enrrollado un rato y hasta nos ha ofrecido un mini concierto de flauta. Julien es trompetista profesional y ha seguido con gran atención la disertación sobre flautas que nos ha dispensado el beduino.
Mientras tomábamos el habitual te, hemos decidido el orden de visitas para mañana. Hemos regresado al hotel, esta en una zona tranquila, sin mezquita cercana.

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