Crónica 5: marzo, 2008 (1ª)

Jordania







8 DE MARZO 2008:
D
e nuevo me he lanzado a la carretera. Me ha costado arrancar, tres meses en Egipto me han hecho perder la forma. En Aqqba he encontrado excusas mil, conmigo mismo, para permanecer ocioso dejando pasar los días. Antes de salir del “Bedouin Garden Village”, he conversado con un joven alemán que hablaba algo de español. Forma parte de un grupo que viaja en una furgoneta. El fin de su viaje es escalar montañas en el Wadi Rum. Me ha comentado las dificultades que voy a encontrar en Siria.
El gasoil esta subvencionado, en las gasolineras es muy barato. Para que los extranjeros no se aprovechen de dicha circunstancia se carga a todos aquellos que entren el país, conduciendo un vehículo con motor diesel, la cantidad de 180 euros semanales. Bien, aceptado. Lo malo es que al ser tan barato, hay grupos que se dedican a vender el combustible en Líbano, por tal motivo es imposible encontrar gasoil en las estaciones de servicio. Ya veremos. Si cargo a tope, puedo recorrer 1400 kms sin repostar. Me han facilitado la tarjeta de un camping, cercano a Damasco, en el que el propietario les ayudo a conseguir gasoil. En otra ocasión tuvieron que comprar con sobreprecio 30 litros a un camionero. Todos esos problemas son “inconvenientes” a los que el viajero tiene que enfrentarse. Por experiencia, en situaciones similares, se que al final siempre encuentras a alguien que tiene un primo que conoce a uno que puede venderte cierta cantidad para salir del paso. No voy a preocuparme por problemas futuros, ya llegara el momento.
Carretera excelente hasta el Wadi Rum, salvo los últimos 16 kms., es la vía principal que une Aqqaba con la capital, Amman. No me han parado en ningún control y he llegado en el tiempo previsto. Tal como ya sabia, hay que pagar a la entrada, por días, coche y personas. Entras en el mundo mágico del desierto controlado. El área que visita la mayoría de turistas es pequeña, unos 640 kms cuadrados, más o menos 32 por 20 kms. La verdad es que el Wadi Rum es sorprendente, valles de unos dos kms. de ancho, los “wadis”, zonas arenosas, con matojos, flanqueados por espectaculares formaciones rocosas, dramáticamente erosionadas por el viento. El color rojizo, cambiante según la luz que recibe, a distintas horas del día, condiciona un singular paisaje.

A las diez, tal como habíamos acordado, me he encontrado con Aid, el beduino que tenia que facilitarme un guía, imprescindible para recorrer la zona. Para ellos, que viven allí, es imposible perderse, cada “Jebel” –montaña- es una referencia. Simplemente hay que seguir las pistas, o roderas de otros coches, en la dirección correcta. Mi guía, Salami, habla árabe y algo de ingles, es un joven que se gana unos dinares extra, simplemente haciendo una seña con la mano, de vez en cuando, ya que me indica una montaña y yo elijo el camino menos usado, para no pegar los incómodos botes de la pista ondulada o caer en zonas muy arenosas con roderas muy profundas. Solo en una ocasión he tenido que utilizar la tracción en las cuatro ruedas, menos de doscientos metros. Por si acaso, he deshinchado los neumáticos y no he sufrido mayores problemas.

El circuito esta muy definido. Vas de un lado a otro, encontrándote grupos. Un cañón estrecho, grabados en la roca, la casa de Lawrence (el celebre Lawrence de Arabia), ladrillos sobre un antiguo templo nabateo, una duna, una roca que forma un arco, otro similar, mas pequeño, en lo alto de una montaña…. En realidad, lo importante es transitar por el Wadi Rum. Incluso en un día nublado y con bruma, como me ha sucedido a mi. Las montañas difuminadas a lo lejos, azuladas, las rocas más cercanas, rojizas, arañadas, esculpidas por el viento, la anchura de los wadis, proporcionan cuatro o cinco horas muy gratificantes. A las tres de la tarde, Salami, poco comunicativo, que se ha entrenado cantando, mientras yo fotografiaba o paseaba, me ha dicho muy claro que mi tiempo se había terminado. “Your time is finish. Now, we go to the camp”. Ingles, lengua franca para que todos podamos entendernos, no siempre dialogar.

En el Wadi Rum hay 15 campamentos. El de Aid esta bastante bien, espacio de descanso, protegido de viento y sol, por grandes rocas, zona para cenar, con hoguera en el centro, unas tiendas para dormir y muchos cojines para apoyarse. ¡Ah! y un verdadero lujo en el desierto, gran depósito de agua, lavabos, ducha y retrete.
Apenas quince minutos después de haber llegado, se ha presentado un grupo de franceses con los que iba a cenar y pasar la noche. Un grupo variado, matrimonios, algunos jubilados, simpáticos, disfrutando dos semanas de vacaciones. He hablado un rato con algunos de ellos, mientras tomábamos te con bizcochos locales. Me he ido a pasear, en cuanto he visto que algunos buscaban posiciones cómodas. Estaban agotados. No todos, porque uno que me he encontrado en lo alto de una peña, media hora después, ha iniciado una “excitante” conversación, sobre el futuro de Europa. “Todos nosotros, dejando atrás el pasado, somos iguales, la misma cultura, somos europeos, nos entendemos, españoles, italianos, franceses, incluso alemanes, pero …. ¿que ocurrirá con estos nuevos países que se están incorporando? ¿Qué pasara con los del Este o cuando entre Turquía? ¿Habrá dinero para mantener el bienestar actual? Muchos no pagan impuestos, se aprovechan de nuestros logros sociales, escuela, hospitales. No se integran. Forman grupos cerrados que no solo mantienen sus costumbres, sino que quieren cambiar las nuestras.” Le he dejado preocupado, aconsejándole que disfrutara su presente, contemplando un paisaje que ha variado muy poco en los últimos siglos.

Por la noche nos lo hemos pasado muy bien. Me han invitado a vino, las últimas botellas que les quedaban han contribuido a la alegría general. Yo he aportado aceite de oliva virgen extra que ha sido bien recibido para aliñar las ensaladas. Después, fuego, canciones, una pareja de beduinos nos han cantado historia de amor, acompañándose con un laúd. El guía que acompañaba a los franceses no paraba de animarles. Ha sacado a bailar a las mujeres. Solo ha faltado la última gran sensación que aporta el dormir en el desierto bajo las estrellas, estaba nublado. Aid he insistido en que durmiera en el interior de una tienda, pero he preferido el silencio y el confort de mi Toyota.



9 DE MARZO 2008
A las ocho de la mañana los franceses se han marchado andando por el desierto. He desayunado, El campamento ha sido abandonado. Se ha quedado un beduino para guiarme hasta el pueblo de Wadi Rum. En los siete kms que he recorrido no he visto al grupo. He hinchado los neumáticos. Mientras tomaba un te en el Rest House, donde se contratan guías y coches, ha aparecido el grupo, se habían acercado a otro campamento, desde donde los han traído en varios coches. He encontrado a Chantal, una francesa, ingeniera agrícola, que trabaja en Amman en un proyecto de cooperación. Nos hemos ido juntos a Petra, desde donde puede tomar un autobús que la lleve a la capital. Como hemos llegado a las once y el autobús no sale hasta las cuatro de la tarde, se ha ofrecido a acompañarme a la “Petra Pequeña”. Esta a unos 12 kms de Wadi Musa.
El lugar es interesante, sobre todo porque no hay turistas. La entrada es gratuita. Toda la zona de Petra es montañosa, con numerosos cañones de altas paredes que la protegían de posibles enemigos. Esta “Petra Pequeña” se encuentra en el Siq Barid, de unos cuatrocientos metros de largo. En algunos tramos, a la entrada y al final, el cañón es muy estrecho. Parece ser que en realidad se trataba de un lugar que servia de “caravansaray”, zona de descanso para aquellos que se dirigían a Petra. Hay un templo y cuatro “Triclinium” destinados, parece ser, a comer y descansar después de un largo viaje. Ahí podían reponerse y entrar en la cercana Petra con mejor aspecto. Sorprenden numerosas escaleras, esculpidas en la roca, que no se sabe a donde conducen. Debería haber, en su tiempo, bastante agua. Pueden observarse varios canales y una gran cisterna.

 

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