Crónica 6: del 15 de marzo al 3 de abril, 2008 (1ª)

Jordania







22 DE MARZO 2008
M
añana continuare viaje hacia el norte de Jordania. Ha llegado la primavera, Atrás quedan las frías noches pasadas en el desierto, en El Cairo e incluso aquí, en Amman. El tiempo ha cambiado, ha llegado el calor, por fin.

He aprovechado estos días de estancia en la capital jordana para poner al día fotografías y archivos; el Toyota ha pasado su primera revisión seria, a los 23.000 kms., perfecto, como el primer día. He iniciado la rotación de neumáticos. Los que llevo de repuesto, nuevos, han pasado al tren delantero, los de delante atrás, los de atrás a la baca. Así se iran desgastando los seis de forma equilibrada. Perdí más de tres horas en encontrar un taller que estuviera dispuesto a hacerlo. Allí donde preguntaba –tiendas de neumáticos, gasolineras- me daban excusas: “No tengo el gato apropiado”, “Aquí vendemos, eso en la gasolinera”, “No tengo escalera para bajar los neumáticos de la baca”, “El operario se ha ido a desayunar, vuelve dentro de una hora”. Por fin, uno mejor dispuesto, realizo el cambio. Me cobro 3 euros, poco dinero para compensar el duro esfuerzo físico.
La circulación por Amman precisa de un buen conocimiento de barrios y calles. En un principio, la ciudad se levantaba entre siete colinas, ahora, al crecer en extensión, otras muchas se han incorporado al plano de la ciudad. Nadie conoce los nombres de las calles. Para llegar a una dirección se indica una referencia y luego una explicación detallada hasta el lugar. Por ejemplo, en un taxi, “hacia el Hotel “Le Meridien”, ahora a la derecha, segunda a la izquierda. Aquí, pare aquí, esta bien”. Numerosas subidas, bajadas, curvas. En las vías rápidas, puentes, rotondas, túneles que pueden desviarte del itinerario que deseas seguir. Es cuestión de conocer la ciudad. Dado que no voy estar mucho tiempo, opto por utilizar taxis, con taxímetro. Son baratos, bien acondicionados, nada que ver con los destartalados taxis de El Cairo.
La primera impresión que recibí al llegar, va cambiando. Amman es una ciudad aburrida. Hay pocos lugares de entretenimiento. Algunos bares, en donde se sirve alcohol, con música muy alta que dificulta la conversación. He conocido a algunos españoles que residen en la ciudad. En general están encantados de vivir aquí, durante un tiempo. Estos días, coinciden las vacaciones de Semana Santa con la fiesta aniversario del nacimiento de Mahoma. Unos días de descanso para huir hacia Aqqaba, Petra o Wadi Rum. Llegan familiares desde España, hay que enseñarles las joyas del turismo jordano.
Anteayer fui a ver algunos de los castillos que se encuentran en el desierto, cerca a la carretera que une Amman y Bagdad. Por ahí llegaba el petróleo iraquí, esa fue la principal vía de escape para quienes huyeron de las guerras. Cerca de esa cinta asfaltada, cruzando grandes extensiones áridas, sin interés, se levantaron los campamentos de refugiados expulsados de Kuwait por la invasión de Irak, en 1990.
Fui con dos amigas de Noel, Marcia, costarricense, y Fátima, española. Las dos trabajan en Amman, se encuentran muy a gusto en el país. Se han adaptado perfectamente al ritmo jordano. Si Egipto es el país “I.B.M.”, “Insh Allah” (Si Dios quiere), “Bukra” (mañana) y “Malesh” (qué le vamos a hacer), Jordania es el país “Shuayia, shuayia” (poco a poco). Tranquilidad, que el mundo no se acaba mañana. Los jordanos no acosan a las jóvenes extranjeras como en Egipto. Intentan el ligue, pero no con la insistente pesadez de los jóvenes egipcios. En Amman pueden verse muchas mujeres sin velo, digamos que son mas comprensivos con las costumbres foráneas.
Nuestra primera parada fue para visitar “Qusayr Amra”, una maravilla. Se encuentra en muy buen estado. Fue construido en el 705. Las primeras excavaciones corrieron a cargo de un equipo español de arqueólogos, en los años 70. Luego, se restauro, con ayudas de España, Francia y Austria. Desde fuera engaña. Es pequeño. No es un castillo. Parece ser que fue utilizado como “caravansaray”, un lugar de descanso en el largo trayecto por el desierto. Baños y pabellón de caza. Paredes y techos están cubiertos de frescos sorprendentes. Una mujer desnuda bañándose, escenas de caza, pastorales, artesanos….Corrían los primeros años del Islam. En la misma época que se construyo la mezquita Omeya de Damasco, en mitad del desierto se levanto un pequeño refugio para mayor placer de los sentidos.
En el pequeño edificio en el que adquieren los billetes de entrada, a unos doscientos metros, nos entregaron la llave. Estuvimos solos, contemplando las distintas salas.

Nos acercamos a Azrak, cruce de carreteras, llegando de Amman, una se dirige a Irak y otra a Arabia Saudita. Después de “Qusayr Amra”, nos sentimos decepcionados. Habíamos empezado por lo mejor, “Qasr Al Azrak” es un castillo, en medio de un pueblo. Los primeros muros datan de la época romana, allá por el año 300 de nuestra era. Su valor estratégico fue determinante para que fuera reconstruido una y otra vez. Puertas, vigas, muros, todo de piedra. Entre sus paredes, TE Lawrence, el celebre Lawrence de Arabia, planeo algunos de sus ataque al ejercito turco, durante el levantamiento árabe de 1917. En 1927 un terremoto causo graves daños en su estructura. El castillo esta en periodo de reconstrucción, algunas áreas están cerradas al publico por peligro de derrumbamiento.

La ultima visita del día fue a “Qasr Kharana”. Parece ser que ese edificio fortificado sirvió, durante el periodo Ummayyad (661-750), como lugar de encuentro para lograr acuerdos con los beduinos. Tiene dos plantas, con un patio central. Columnas y arcos sostienen los techos que cubren varias estancias. Interesante, sin ser espectacular..

Regresamos a Amman antes de que anocheciera.

24 DE MARZO 2008

Me levanto a las once, ayer hubo cena de despedida, me acosté tarde. Desayuno, recojo todo, acondiciono el coche. Hace calor, empiezo a sudar. Son las doce, cuando arranco, dirección a Jerash. Noel me indico el camino más rápido para salir de la ciudad. En la dirección que sigo, puedo comprobar que más colinas se van cubriendo de edificios. Amman sigue extendiéndose.
La carretera por la que circulo es la que une Amman y Damasco. El transito es fluido pero hay que tener cuidado. Algunos vehículos se detienen, sin aviso previo, para comprar frutas y verduras en los tenderetes que algunos campesinos montan en los arcenes. El desvío que conduce a Jerash es una carretera de segundo orden con curvas cerradas, subidas y bajadas.
La zona arqueológica esta junto a la nueva ciudad. El parking, lleno de autobuses turísticos. Encuentro una plaza junto a la oficina de la policía. Cuando bajo del Toyota, un policía me pregunta si voy a quedarme a dormir en Jerash. Le contesto que tal vez. “Pero aquí no puede quedarse”. “No se preocupe, buscare un hotel”. Como ha cambiado. En 1980, plantamos las tiendas de acampada junto a la entrada. Hoy, zona de parking de automóviles, zona de autobuses, espacio reservado para tiendas, restaurantes y bar.
Es la una y media. ¿A que hora come la gente? Esta lleno de grupos. Con un poco de paciencia, puedo fotografiar el Arco del Triunfo despejado. Enseguida me encuentro con la entrada al antiguo Hipódromo, acondicionado para celebrar carreras de cuadrigas. En su época de esplendor ofrecía 15.000 asientos para presenciar, además, pruebas atléticas. Un jordano disfrazado de gladiador vende entradas del espectáculo que va a comenzar a las dos. Sigo en dirección a la puerta sur, una de las dos que se mantienen, de las cuatro iniciales que permitían la entrada en la ciudad amurallada.

Jerash contaba con dos teatros. Uno en el norte y otro en el sur. Después de una cuidadosa restauración ofrecen 2000 y 3000 asientos respectivamente. Desde 1981 se celebra, entre Julio y Agosto, un Festival, 17 días de duración, con actuaciones internacionales, opera, teatro, poesía, conciertos y grupos musicales. Otro espacio idóneo que ocupa el Festival es la plaza Oval, el Forum, 90 metros de largo, ochenta de ancho, circundado por altas columnas. De ahí sale el Cardo Maximus, la calle de columnas, 800 metros hasta la puerta Norte de la ciudad.
En la extensa zona arqueológica se encuentran antiguas iglesias, templos, baños, monumentos, en mejor o peor estado de conservación. Yo he empleado cuatro horas y media en la visita. Gozando de mí tiempo. Sentado en la ultima fila de los teatros, arriba, contemplando en primer termino la antigua Jerash y mas allá la nueva ciudad, sobre una colina.

He encontrado un hotel, a unos siete kms, camino de Ajlun, a donde quiero ir mañana. El hotel se encuentra apartado de la carretera, en un alto. Al anochecer ofrece un paisaje espectacular sobre los pueblos iluminados de las colinas sin fin que se levantan en dirección a Amman.


25 DE MARZO 2008

Estoy en el norte de Jordania, cerca de Siria e Israel. Los lugares que quiero visitar hoy ofrecen la posibilidad de ver en la lejanía Los Altos del Golan y el lago Tiberiades, desafortunadamente la bruma que envuelve las colinas, tal vez causada por el súbito aumento de temperatura, no me permitirá contemplar esos lugares.
Mi primer destino es una fortaleza que edifico un general de Saladino en el siglo XII. Es la única de esa época en el país no construida por los cruzados. Se encuentra, como no, en lo alto de una colina, controlaba una extensa zona. Formaba parte de una cadena de palomas mensajeras que permitía enviar breves escritos rápidamente. Según he leído, una nota de Damasco a El Cairo tardaba un día.
Quala’at Al Rabad esta a unos tres kms de Ajlun, un pueblo que no tiene ningún interés. Lo más destacado es una mezquita con un minarete con más de 600 años de antigüedad. Encuentro la carretera cortada por una apisonadora que alisa un conglomerado de guijarros y arena. La pendiente es corta, pero dura por la incomodidad. Cuando llego a la taquilla de entrada estoy sudando. Después de haber visitado otras fortalezas, me sorprende el esmerado trabajo de restauración que contemplo. Este castillo fue destruido, vuelto a levantar, su última guarnición data del imperio otomano. Después fue abandonado y redescubierto por J.L Burckhardt, el mismo europeo que logro entrar en Petra, diciendo que iba a ofrecer un sacrificio a Aaron, el hermano de Moisés. Tumba que no olvidare. Que fácil es todo ahora. Para cubrir el recorrido que estoy siguiendo, a la inversa, de Damasco a El Cairo, pasando por Jerash, Amman, Karak y Shobak, Burckhardt tuvo que convertirse en un beduino, murió a los 33 años de disentería.
Que pena no disfrutar del paisaje que en días despejados puede contemplarse desde lo alto de las torres de Quala’at Al Rabad. El castillo ofrece muchas zonas en perfecto estado. Amplias salas, un pequeño museo, fácil acceso a todos los lugares.


A
ntes de dirigirme al coche, doy una vuelta por los alrededores. Un paseo bajo los árboles, rodeando la fortaleza. 30 grados de temperatura, sin nadie alrededor. Me siento sobre una piedra, a la sombra, miro el mapa y decido que hoy será mi último día en Jordania. Es pronto. Las once media de la mañana. Me acercare a Umm Quais, en donde se encuentra la antigua ciudad de Gadara. Dormire en Irbid, cerca de la frontera siria. Mi visado vence el día 28. En marcha.
Para llegar a Umm Quais tengo que atravesar Irbid, la ciudad mas poblada, después de Amman. La travesía es rápida gracias a los numerosos carteles que anuncian la dirección adecuada. Todos aquellos lugares de interés turístico resaltan gracias al color marrón del cartel.


G
adara era una ciudad Ptolomeica. Fue arrasada, reconstruida, su mayor florecimiento fue durante los primeros siglos de nuestra era, sufrió terremotos y fue abandonada. La convierte en algo especial el establecimiento de una comunidad, durante el imperio otomano, que levanto sus casas cerca de las ruinas de la vieja Gadara. Utilizaron en la construcción bloques de basalto negro que extraían de las antiguas ruinas. También ese poblado fue abandonado durante la primera guerra mundial. Hoy la nueva ciudad se llama Umm Quais
El mayor placer de visitar Gadara es recorrer caminos, entre casas abandonadas rodeadas de flores, que supongo acaban de brotar. Continuar luego, sobre la antigua calzada romana, entre campos de olivos, intentado imaginar como llego a ser esa ciudad. Un dibujo esquemático, sobre un cartel, ofrece una ayuda. El gran Decumanus Maximus, la arteria principal, tenía una anchura de 6 metros. A ambos lados, las columnas soportaban techos. Debajo, un paso para la gente, con una anchura de cinco metros. Entre las columnas, estatuas. Continuemos imaginando. Dos grandes teatros. De uno, el mayor, apenas quedan algunas piedras, Templos, casas de baños, tiendas, luego Iglesias, calles enlosadas –quedan restos de alguna-, monumentos, fuentes, casas, palacios…. Vuelvo a la realidad cuando un guarda me dice que no tome ninguna fotografía, estoy cerca de un campamento militar. Doy media vuelta, sin acercarme al lugar que antiguamente ocupo el hipódromo.



Regreso hasta la gran terraza de la Basílica, 95 metros de largo, 35 de ancho. Se conservan algunas columnas, negras y blancas. Después de tres horas y media de caminata, me acerco al bar-restaurante que esta mas elevado. Ah, la bruma, que fastidio. Sentado bajo una sombrilla en la terraza, intuyo Los Altos del Golan. El bar es muy agradable, el servicio limpio, “distinto”. Ha sido un día completo, tranquilo, disfrutando en soledad de lugares históricos, recuperados hace relativamente poco tiempo.


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