Crónica 8 : del 10 al 13 de abril, 2008

(Capadocia) Turquía






DEL 10 AL 13 DE ABRIL 2008
Estos días los el camping Kaya, de Ortahisar, ha aumentado el numero de residentes. Primero llegó un joven norteamericano que viaja en autobús, pero que se desplaza por los alrededores en la bicicleta que transporta.

Habla japonés. Después han ido llegando autocaravanas, alemanes, jubilados. La zona de acampada es muy extensa, apenas se notan los diecisiete vehículos aparcados.
La zona protegida de la Capadocia, Patrimonio de la Humanidad, no llega a las diez mil hectáreas, unos 100 kms cuadrados, es un área muy pequeña. Mas allá del corazón de esa región, se encuentran numerosos lugares interesantes, algunos figuran en los itinerarios turísticos convencionales, otros, al quedar algo alejados, no ser tan espectaculares o exigir mayor esfuerzo físico para visitarlos, conservan todavía el sorprendente encanto que deslumbro a los primeros turistas que empezaron a llegar a mediados de los setenta.
¿Que ofrece la Capadocia? Lo principal, lo que la hace distinta, es su formación geológica. Volcanes cercanos, hace millones de años, cubrieron toda esta zona con los minerales que expulsaron. Se formo una meseta que, con el paso del tiempo y la erosión provocada por viento, hielo y agua, fue modificándose hasta ofrecer su aspecto actual.




La escasa dureza de las rocas permitió aumentar el número de cuevas naturales. Como vivienda, ofrecían mayor seguridad y confort, porque mantenían temperatura estable sin grandes variaciones.
Desde un principio de los tiempos, hubo asentamientos humanos, facilitados por la tierra fértil y el agua abundante que llegaba de las montañas cercanas. Llegaron los asirios, floreció después la civilización hitita, de la que apenas quedan rastros, fue ocupada por los persas, expulsados luego por Alejandro Magno. Después, romanos, bizantinos, selyucidas –antepasados de los turcos actuales. Guerras, invasiones, distintas culturas, todo fue añadiéndose a esta geografía singular.
Las iglesias excavadas en las rocas, con frescos muy deteriorados, las ciudades subterráneas, inexpugnables, los “castillos”, promontorios de roca volcánica, paredes casi verticales, fáciles de defender, las innumerables cuevas-vivienda que pueden verse por doquier, los cañones, horadados por el agua hallando el cauce natural, con escarpados cortes, en los que también se esculpieron iglesias, almacenes y viviendas… la Capadocia es algo muy especial. Hay que verlo, para comprender por que se ha convertido en destino de numerosos grupos turísticos.


P
ara hacer frente a la demanda de las grandes agencias, se han desarrollado todo tipo de servicios. Nuevos hoteles convencionales, para grandes grupos, pequeños, con encanto, para aquellos que prefieren viajar siguiendo un itinerario personal, agencias de viajes, coches de alquiler, bicicletas, bancos, cajeros automáticos, restaurantes, bares, en la mayoría se sirve alcohol, tiendas ofreciendo artesanía local…. La Capadocia esta totalmente integrada a la red de turismo internacional.
Lo comprendo, es lógico, así tenia que ser, pero… que suerte tuve cuando vine la primera vez. No he sido capaz de entrar en el valle de las iglesias de Goreme. Había tal cantidad de grandes autobuses aparcados que he imaginado la cola de entrada que debe formarse para contemplar los frescos la iglesia Karanlik, los mejor conservados. Una repetición de la visita al Valle de los Reyes, en Luxor.
Si he subido al “castillo” de Uchisar, me he paseado por las calles desiertas de la ciudad antigua de Ortahisar, me he acercado al museo abierto de Zelve, con su “chimeneas de hadas”, conos rocosos, hasta de cuarenta metros de altura, coronados con una especia de “sombrero”, roca mas oscura y de mayor dureza. Con el tiempo, el viento va puliendo la punta del cono y el “sombrero” termina por caer.
Los pueblos, con mayor afluencia de visitantes, han cambiado, se han modernizado, grandes avenidas, plazas, tal como ya he contado. He ido en busca otros parajes atractivos dentro de la región. En total he recorrido 330 kms. He pasado por pueblos que mantienen su habitual forma de vida. Todos tienen alguna iglesia, algún valle, alguna formación geológica interesante. No he parado para comprobar su verdadero valor. Me he limitado a conducir por carreteras sin apenas tráfico, disfrutando del paisaje.


Si he vuelto a Derinkuyu, una de las 36 ciudades subterráneas localizadas, en muchas todavía no se han iniciado excavaciones. Las dos más importantes son Kaymakli y la que he visitado. He elegido esa por estar mas alejada de Goreme. Son muy antiguas, unos tres mil años. Servían de refugio cuando llegaba algún ejército enemigo. Hasta el descubrimiento de la pólvora, totalmente inexpugnables. Las puertas eran grandes ruedas de piedra, de hasta un metro de grosor, que se dejaban rodar, encajándolas en hendiduras especiales. No se sabe a ciencia cierta cuantas personas podían albergar. Se barajan cifras entre veinte y cincuenta mil personas por ciudad, con animales que proporcionaban leche y carne. La de Kaymakli tiene ocho niveles de profundidad. Contaban con pozos de agua, grandes tuberías de aireación, prensas de vino y aceite, todo lo necesario para resistir un año sin salir al exterior. Han iluminado parte de esos laberintos. Grandes salas se alternan con pasadizos bajos y estrechos, En caso de que alguien pudiera entrar en la “ciudad”, era facilísimo detener el avance. Se convertía en una trampa mortal para el invasor. Hay flechas indicadoras y luz, para que los visitantes no se pierdan. Desde luego, visita imposible para alguien que sufra la más mínima claustrofobia. Supongo (santa ingenuidad) que debe estar conectado un sistema automático de un generador eléctrico, para que se ponga en marcha, en caso de producirse un corte de fluido eléctrico. Sin iluminación es muy peligroso buscar la salida, hay desniveles y algún que otro agujero sin protección que comunica con el piso inferior. Los peldaños del principal túnel de bajada-subida se han reconstruido, por lo que no ofrecen el mínimo riesgo de resbalar. La temperatura es estable, algo fresca, un premio bien recibido si la visita se efectúa en verano.

He llegado hasta el valle del Ihlara, un cañón de altas paredes, por el que transcurre el rio que da nombre al valle. En los riscos, iglesias, antiguas viviendas y almacenes excavados en la roca. Fue el lugar elegido por muchos monjes durante la época del imperio bizantino. Es posible caminar junto al rio, a lo largo del cañón, unas siete horas. Me he conformado con llegar hasta el por el acceso que proporciona el pueblo de Belisirma. Una carretera con fuerte desnivel permite cruzar el cañón por ese punto. Una preciosidad. Tres iglesias, una antigua almazara, restaurantes en las orillas y, sobre todo, un paseo relajante, escuchando el murmullo del agua. Pocos grupos de extranjeros que desparecen después de comer. De dos a seis de la tarde me he quedado solo, entrando en las iglesias con la única compañía de algunos pájaros. Por los empinados senderos que ascienden hasta las iglesias me he encontrado con una tortuga. Debe haber muchas porque ya me había llamado la atención una señal de trafico que advierte paso de tortugas por la carretera.
Después de la caminata, subir y bajar, he reposado en uno de los bares que están junto al rio. Dos mesas ocupadas por turistas locales. El almuecín ha llamado a oración, ha marcado mi hora de partida. No se cuanto tiempo tardare en llegar al camping, prefiero evitar en lo posible circular de noche, aunque no he podido resistirme a la tentación de visitar un antiguo monasterio, cuando he llegado a Selima, en la entrada del cañón. Impresionante por las distintas estancias y niveles que lo componen. Los frescos están muy dañados, pero aun así permiten imaginar como pudo llegara a ser, cuando estaba en plena actividad. Después de la subida, corta pero empinada, se disfruta de un excelente punto de observación.



De la Capadocia seguiré hacia Ankara. Necesito el visado de Irán y tal vez el de Pakistán. Uno de los acampados me ha facilitado las coordenadas de un parking cercano a las dos embajadas. El tiempo de espera, dos o tres semanas, lo aprovechare para llegar a Estambul y recorrer la costa mediterránea.

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